Juan 3:16 es la Biblia en miniatura.

El evangelio no se trata de los sacrificios que el hombre hace para Dios sino del sacrifico que Dios hizo por nosotros

Charles H. Spurgeon dijo que este versículo encabezaba todos los volúmenes de sus sermones, como el único tema de su ministerio. William Barclay lo llamo “el versículo para todo el mundo”, Juan Calvino lo llamó “la gran recomendación de la fe”. Martin Lutero lo resumió muy bien cuando dijo que Juan 3:16 era “la Biblia en miniatura”.

Al leerlo destaco por lo menos 6 cosas:

Primero, lo inigualable de su amor: En el griego original la frase “de tal manera” dice jouto gár (οὕτω γάρ), y es una expresión que denota la extensión e intensidad con la cual ocurre una acción. La perfección y la infinitud de Dios hacen que su amor se exprese de manera inigualable. Lo primero apunta a la calidad del amor divino, por cuanto es perfecto, mientras que lo segundo remarca la cantidad ilimitada de su amor, por cuanto es infinito. Solo Dios puede amarnos de tal manera. El resto de amores que el hombre pueda conocer en su existencia siempre serán limitados e imperfectos.

 

Segundo, la esencia de su amor radica en él mismo y su voluntad. El apóstol usa la palabra agapáo (ἀγαπάω) cuando escribe “amó”. El término usado aquí se refiere a un amor completamente diferente a filéo, que está basado en los sentimientos o afectos. Este tipo de amor surge del ejercicio de la libertad divina. Es el acto de su voluntad y la decisión firme de mostrarle a alguien su bondad y misericordia. Dios nos ama, por tanto, no por obligación o necesidad sino por el puro afecto de su voluntad. El amor divino no depende de nuestra condición o situación sino de su fiel y libre decisión a favor nuestro. El amor no es solo una característica de Dios, sino es su misma esencia: Dios es amor.

 

Tercero, el objeto de su amor: El griego del Nuevo Testamento kósmos (mundo) se utiliza para referirse tanto al mundo físico que Dios ha creado, como a la raza humana. El amor no puede entenderse ni concebirse, a no ser que se confiera a otros traspasando así las barreras la propia existencia. En cuanto a esto último, Dios no hace acepción, distinción o excepción alguna en cuanto a los hombres a la hora de ser amados por Él. Dios nos amó a todos en la creación del Edén (poniendo su imagen en el hombre), en la encarnación de Belén (tomando nuestra imagen) y crucifixión de Jerusalén (tomando nuestro lugar). Nadie está privado de ser objeto del amor divino.

 

Cuarto, el regalo de su amor: La expresión  “su Hijo unigénito”  dice en griego coiné  joste ton juiós autos ton monogenés edoken (ὥστε τον υἱός αὐτός τον μονογενής εδωκεν). Para entender correctamente la dimensión del regalo divino a los hombres debemos comprender primeramente la magnitud del amor que el Padre le tiene al Hijo.  Monogenés es una palabra griega compuesta de dos partes. Mono que significa  solo (no en términos de soledad sino de particularidad) traduciéndose como único o sin igual, y genes está relacionado con la palabra griega genos que significa descendencia. La palabra significa en realidad “el amado de una forma única”. Comunica la idea de alguien que es amado singularmente, o alguien amado como ningún otro. Esto ayuda a tener una mayor compresión de lo que significó para el Padre entregar la vida de su propio Hijo en rescate de la nuestra. Yo, como padre, no podría hacerlo, de hecho, no lo haría. Por eso, solo Dios es Dios y su regalo único.

 

Quinto, la condición de su amor: Solo hay una sola condición: ¡creer! El texto original usa jína pas jo pisteúo (ἵνα πᾶς ὁ πιστεύω) para referirse “a todo aquel que cree”. Si bien es cierto, Dios ha mostrado su amor por todo el mundo, este amor no es experimentado por todo el mundo; sino solamente por aquellos que deciden creer en el unigénito Hijo de Dios. La voluntad afectiva de Dios, que ninguno se pierda, se hace efectiva mediante la fe en el Hijo. Entendiendo la fe, no como algo bueno que hace el hombre para ser salvo, sino el reconocimiento de que no existe nada lo suficientemente bueno en él para ser salvo por sí mismo. El hombre necesita ayuda. El agente causal es Dios y el modal es la fe. Creer, no es otra cosa sino reconocer la insuficiencia propia (pecado) frente a la suficiencia divina (gracia) para nuestra salvación.

 

Sexto, el resultado de su amor: Mas tengan vida eterna en griego dice dice eís autós mé apólumi alá éjo dsoé aiónios (εἰς αὐτός μή ἀπόλλυμι ἀλλά ἔχω ζωή αἰώνιος). En el aspecto negativo, ninguno de los que creen en el Hijo se perderá y en el positivo, todos los que creen se salvarán. Estos son dos milagros extraordinarios o uno doble: liberación y preservación. Dios, en su amor hacia nosotros en Cristo Jesús, nos libera de la condenación y, de manera simultánea también, nos preserva para salvación y vida eterna. Dios en su amor nos libró del castigo del pecado (pasada justificación); del poder del pecado (presente santificación); y de la presencia del pecado (futura glorificación). Su amor es completo, perfecto y eterno.

En suma, recordemos y anunciemos siempre que el evangelio no se trata de los sacrificios que el hombre hace para Dios sino del sacrifico que Dios hizo por nosotros. No, no se equivocó Lutero, cuando afirmó que Juan 3:16 es la Biblia en miniatura.


Fernando Ramirez De Arellano

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