Serendipias Divinas

“Fui buscado por los que no preguntaban por mí; fui hallado por los que no me buscaban. Dije a gente que no invocaba mi nombre: Heme aquí, heme aquí” (Isaías 65:1).

Mis hijos son formidables comedores de patatas chips; esas patatas laminadas tan finamente que casi se puede ver a través de ellas. No conozco supermercado que no las comercialice. Yo, sin embargo, soy más de la patata de toda la vida; ese corte grueso y sin geometría que mamá, al más refinado estilo samuray, preparaba con donaire raudo. Pero la generación de ahora va por otro lado en esto de las patatas y del arte culinario en general y me parece interesante que sea así. Es por eso que me sumo a degustar patatas chips con mi familia, sobre todo días de piscina o de campo, donde cocinar no es algo que va incluido en la programación. ¡Y pensar que estas anoréxicas patatas vinieron a existir sin intención de que se perpetuaran! Fue George Crum, un chef neoyorquino, el que introdujo esta guarnición en el verano de 1853, para mostrar su enfado a un comensal que siempre criticaba inconforme el grueso de las patatas que servía su restaurante. Para la sorpresa de Crum, las patatas fueron un éxito y las incluyó inmediatamente en el menú habitual de su restaurante. Desde entonces se comercializan en todo el mundo y, que arroje la primera piedra quien se ha resistido con éxito a probarlas. Serendipias de la historia, sucesos que llegaron a ser algo distinto a lo que se imaginó, o se quiso conseguir.

Hablando de serendipias… hace 26 años estaba convencido que la vida había que vivirla, sin reglas, sin pensar demasiado, que el placer era lo único que me llevaría a la tumba y que en el ver y el saber, estaba aquello que podía llenarme. Nada más lejos de la realidad, vivía estafado por una ideología prefabricada por aquellos dioses del ateísmo de la Cuba de aquellos días. Me engañaron y yo no sabía que pudiera existir una verdad absoluta y concluyente que serenara mi alma desolada y me supliera tantas ausencias omnipresentes. Sin buscar tal verdad, sin pretender ser feliz, sin querer otra cosa que sobrevivir, me hallé escuchando a un flacucho e improvisado predicador, asistiendo a una pequeña iglesia y recibiendo a Jesús como mi salvador personal ante una treintena de carismáticos redimidos. Serendipias dispuestas desde la eternidad, contingencias divinas que te cambian para siempre, eventos que te seducen a una vida plena de la que no desearás retornar.

Desde entonces creo en esos planes divinos que se nos atraviesan en el camino para captar nuestra atención. No son imposiciones de un Dios que se quiere salir con la suya, más bien oportunidades de gracia, actos de misericordia para reconducirnos a lo mejor. Desde entonces he estado alerta a esos encausamientos de Dios, a eso que él hace magistralmente para mi bien, pero que yo debo comprender para no perderme su trazo de gracia.

Era el año 2000, una rara alianza entre vaticinios mayas y prensa amarillista anunciaban que el mundo se terminaría; destrucción y caos, las profecías debían cumplirse, pero si estás leyendo esto sabrás que no ocurrió nada de esto. Yo me preparaba por aquel entonces para un viaje a Guatemala, era un evangelista soltero con muchas ganas de servir al Señor y tenía delante la oportunidad de un recorrido ministerial por este hermoso país de América Central. Por aquel entonces, una iglesia de la ciudad se había quedado sin pastor y me pedían para atenderlos por un tiempo, hasta tener a un nuevo pastor. Me excusé sobre la base de que viajaba por seis meses fuera del país y que me sería imposible, que de otra manera lo haría con gusto. Sin embargo, el cónsul me dijo que no podía viajar a su país y no me concedió el visado. Así que acepté pastorear aquella iglesia donde conocí a la maravillosa mujer que por 16 años y cuatro hijos después, es mi esposa. Serendipias divinas, puertas que se cierran con una finalidad más elevada. Así es Dios.

He aprendido a no preocuparme cuando sucede algo con lo que no contaba, reflexiono y doy por sentado que Dios está detrás de ese incidente en alguna forma. No me atemorizan los cambios de sentido, ni me frustra no conseguir lo que quiero porque estoy abandonado a la voluntad de un Dios, cuyo control de las situaciones, los incidentes y las circunstancias es absoluto. Detrás de un obstáculo, lo más probable es que llegue una bendición. Pasando anchurosos ríos me esperan riberas deseables y tierras por conquistar.

Mientras como patatas chips, concluyo estas líneas y pienso emocionado en qué será lo próximo con lo que Dios me va a sorprender. ¡Qué novedosas serendipias está preparando mi todopoderoso salvador!


Osmany Cruz

ARTÍCULOS RELACIONADOS

Blog

Moscas, zorras, asnos y demás fauna

El escritor bíblico conocido como “el predicador” (eclesiastés, es decir, la persona que dirige su discurso a una asamblea, en este caso muy probablemente, Salomón), escribe algo que desde que lo leí quedó grabado en mi corazón y que me ha sido útil a lo largo de toda mi vida.

Leer Más
Blog

Petit à petit l’oiseau fait son nid

Escuchaba desenfadadamente algunos consejos del escritor español César Mallorquí para aquellos que gustan del arte escurridizo que él encarna, cuando […]

Leer Más
Blog

Volvamos a la rutina

Así que, no me cabe la menor duda, de que el secreto de la fortaleza de Jesús y el éxito de su ministerio se basó en que jamás abandonó la rutina de comunión con su Padre por medio de ciertos instantes con el culto, la lectura de la Palabra, la oración, la meditación y los actos de compasión expresados en su compromiso con la gente.

Leer Más
DONACIONES