Dios y la eutanasia.

Una noticia que no solamente nos entristece como cristianos, pues entendemos la vida como algo sagrado, sino que, indudablemente, nos preocupa al avanzar drásticamente en la actual cultura de la muerte que nos preside

El 18 de marzo de 2021 se aprobó en el congreso de los disputados de España por mayoría absoluta la ley de la eutanasia. De esta forma, España se une a Holanda, Bélgica, Luxemburgo y Canadá como el quinto país del mundo que regula esta práctica. Iremos por partes:

Primero, definición del término eutanasia:

  • Eutanasia originalmente viene del prefijo griego eu que significa buena y thanatos que significa muerte en su conjunto significaría buena muerte o el buen morir.

Otra definición extraída del libro Bioética Cristiana del autor Antonio Cruz dice:

  • “Muerte indolora infligida a una persona humana consciente o no, que sufre abundantemente a causa de enfermedades graves e incurables o por su condición de disminuido, sean estas dolencias congénitas o adquiridas, llevadas a cabo de manera deliberada por el personal sanitario, o al menos con su ayuda mediante fármacos o con la suspensión de curas vitales por que se considera irracional que prosiga una vida que, en tales condiciones, se valora como ya no digna de ser vivida”

En suma, es dar muerte a una persona que está sufriendo física o psicológicamente de manera extrema por parte de un tercero. Antes de abordar las implicaciones éticas, morales, sociales, espirituales y otras que la práctica de la eutanasia pueda tener es conveniente ver los  diferentes tipos de eutanasia.

Segundo, clasificaciones de eutanasia en función de las distintas clasificaciones que existen:

Según el tipo de motivación por el que se practica:

  • Piadosa: aquella que tiene por objeto evitar el sufrimiento de un enfermo terminal principalmente cuando es exigida en forma seria y consciente.
  • Eugenésica: aquella que se dirige al mejoramiento de la raza humana.
  • Económica: aquella dirigida a eliminar a las personas cuyas vidas se consideran inútiles, exentas de valor vital y de costoso mantenimiento

Para estas dos últimas formas de motivación (eugenésica y económica) existe la práctica unanimidad en que no pueden ser consideradas como eutanasia sino que se trataría claramente de homicidios.

Según el punto de vista del paciente:

  • Eutanasia Voluntaria: en la que el paciente toma la decisión de acabar con su vida o terceras personas cumpliendo la voluntad del paciente expresado con anterioridad
  • Eutanasia No voluntaria: la decisión la toma un tercero, porque el paciente no tenga la capacidad de decidir si morir o vivir, es decir no se conoce ni se puede conocer si el paciente desea morir, ejemplo paciente en estado vegetativo.
  • Eutanasia Involuntaria: provocar la muerte de un paciente competente en contra de su voluntad explícita o sin su consentimiento

Según la actitud y manera de ejecutarla.

  • Eutanasia activa o directa: es aquella en la que el personal sanitario (médico o enfermera) administra un fármaco o medicamento al paciente para terminar con la vida del enfermo, dentro de esta también podemos diferenciar el suicidio asistido que hace referencia a que es el paciente el que se toma la medicación prescrita previamente por un médico, el acto se lleva a cabo en un lugar de su elección por ejemplo en su casa.

 

  • Eutanasia pasiva e indirecta (tiene dos actuaciones): Por un lado, consiste en la inhibición de actuar o en el abandono en el tratamiento iniciado, evitando intervenir en el proceso hacia la muerte lo cual es lícito. Por otro lado, consiste en eliminar o disminuir el sufrimiento, mediante la administración de fármacos como la morfina o midazolam que llevan a disminución del dolor o dependiendo de la dosis a una sedación total, lo cual puede derivar indirectamente el acortamiento de la vida. Esto último es lo que entendemos como cuidados paliativos.

Muchos autores no consideran la eutanasia pasiva o indirecta como eutanasia en sí misma, ya que su fin último no es acabar con la vida del paciente si no mitigar su dolor, aunque ello conlleve, como hemos dicho antes, un acortamiento de la vida, y usan otro tipo de terminología para no crear más confusión, a saber, ortotanasia.

Cabe destacar que los cristianos no deberíamos tener ningún problema con la eutanasia pasiva, mejor llamada, ortotanasia o cuidados paliativos a veces llamada, eutanasia activa indirecta, con la que se asegura que el enfermo no sufra en el natural proceso de la enfermedad hacia la muerte. El problema radica en la eutanasia activa (directa) cuyo único objetivo es acabar, de manera artificial y antinatural, con la vida de la persona que sufre física y/o psicológicamente a través de ciertos medicamentos o procedimientos.

Este es el punto que toca la eutanasia activa, obviamente nadie quiere sufrir, nadie quiere vivir con dolor, todo el mundo quiere tener una muerte digna pero una buena muerte no significa que podemos decidir acabar con la vida de alguien, que está sufriendo, por el mero hecho que lo está pidiendo. Esto permite introducirnos intelectualmente para valorar cuales son  las razones o argumentos que los grupos pro-eutanasia sostienen en defensa de esta práctica.

Tercero, tres grandes argumentos por los cuales parte de la sociedad justifica y proclama la eutanasia:

  • Derecho o libertad de la persona a elegir cómo quiere morir. Postula que las personas somos libres y ostentamos el derecho a elegir cómo morir. El hombre desea controlar toda su vida pero la muerte (el hecho de no morir) es algo sobre lo cual el hombre no tiene dominio. La única manera de poder controlar algo es eligiendo el cómo y el cuándo se muere. Esta postura es una declaración de independencia y autonomía que proclama mi vida es mía y yo decido cómo vivir y/o morir.

 

  • El llamado encarnizamiento terapéutico o muerte mala (distanasia). Hace referencia a la obstinación clínica innecesaria por prolongar la vida de una persona que no tiene posibilidad de cura retrasando la muerte del individuo a costa muchas veces del dolor y sufrimiento de esta persona de manera cruel e innecesaria.

 

  • El concepto de muerte digna. Está basado en el hecho de que existen vidas que no merecen ser vividas, por lo que se concluye con el concepto lapidario que es mejor buena muerte que una mala vida. Imaginemos, una persona que tras un accidente de tráfico queda confinada a una silla de ruedas con paraplejia o un anciano de 80 años al que se le detecta un cáncer terminal. En estos casos, la sociedad actual considera que tienen vidas que no merecen la pena ser vividas a causa de las condiciones de dolor y sufrimiento físico o psicológico en las que se encuentran.

Ante estos argumentos, ¿Qué podemos decir desde nuestra cosmovisión cristiana a nosotros mismos y al mundo que nos rodea?, ¿Cómo contestar al interrogante que cuestiona si el sufrimiento de una persona justifica acabar con su vida siempre y cuando nos lo pida? Avanzamos a la siguiente parte de este escrito.

Cuarto, la contra-argumentación y propuestas desde una cosmovisión cristiana:

Sin ánimo de ser exhaustivos podemos señalar algunos aspectos de nuestra posición.

  • Dios nos ha dado su revelación. La Biblia defiende claramente la vida. La Biblia no habla de la eutanasia ni del suicidio de manera explícita porque contempla el hecho de dar o quitar la vida como una de las prerrogativas divinas. Hechos 17:28 declara porque por él tenemos vida, nos movemos y existimos. 1ª de corintios 6:18 establece que somos templo del Espíritu Santo y tenemos que cuidar ese templo Probablemente la historia que más se puede asemejar en la biblia es la de Job, perdió todo, estaba enfermo y sufrió de manera extrema. Job podría haber terminado con su sufrimiento quitándose la vida (suicidio) o pidiéndole a uno de sus amigos que acabara con él (eutanasia). Sin embargo, no lo hizo sino que se aferró a su dependencia de Dios, aun cuando deseó la muerte en Job 3:11.
  • Dios nos ha dado la moral. La eutanasia conlleva unos problemas morales muy grandes ¿quiénes somos nosotros para decidir que una persona incapacitada o enferma o inconsciente no merece vivir?, ¿Quién decide las enfermedades que hacen que las vidas no merezcan ser vividas? , ¿En qué grado del desarrollo de la enfermedad podemos acabar con la vida?, ¿Acaso estamos diciendo a esas madres con hijos con Síndrome de Down que no debieron haber nacido o que son existencias no dignas de vivir? Esta manera de pensar no nos diferencia demasiado del exterminio nazi de Hitler en 1939 y su mandato con fines eugenésicos en el que era de obligatorio declarar cualquier enfermedad psíquica o física invalidante.

 

  • Dios  nos ha dado la capacidad científica y médica. Tenemos la medicina paliativa  en la que no hace falta acabar con la vida del paciente. Podemos administrar fármacos al paciente para que disminuya su dolor, y espere la muerte en las mejores condiciones posibles. La mala práctica del encarnizamiento terapéutico no justifica quitar la vida de una persona porque un mal no puede justificar la práctica de otro mal para solucionarlo. Con los avances en medicina el 95% de los dolores crónicos se pueden paliar. No, no es verdad que todos aquellos que experimentan dolor deseen morir, lo que realmente quiere la práctica totalidad de las personas es que alivies su dolor. Muchas veces, por no decir que todas, cuando una persona en ese estado dice que quiere morir, solo quiere que le quites el dolor.

 

  • Dios nos ha dado una responsabilidad relacional. El mensaje de Jesucristo es llorar con los que lloran, acompañar a los desvalidos, y no aniquilar al más débil. Por razones obvias, no podemos deshumanizar el sufrimiento de una persona pero la solución no pasa por acabar con la vida (que es un acto sin retorno) sino en acompañarla. ¿No es lógico pensar que lo que verdaderamente necesitan esas personas es apoyo y no, una legislación que los dé por perdidos? Todo esto muchas veces tiene una raíz de interés político y económico, maquillado como piadoso y misericordioso. La realidad es que no es rentable ni viable económicamente para los estados un anciano o un enfermo  crónico que debe ser cuidado dignamente hasta que muera.

 

  • Dios nos ha dado valor intrínseco. Dios creó al hombre a su imagen con lo cual cualquier ser humano tiene dignidad desde el momento que nace hasta que muere. El sufrimiento no nos hace menos dignos, sufrir es parte de la vida. Todos en algún momento hemos sentido que nuestra vida no merece la pena, todos alguna vez hemos perdido el sentido de la vida pero la salida no es la muerte, sino la vida, aprendiendo a gestionar el sufrimiento. No podemos hacer la igualdad que establece que el dolor o el sufrimiento significa una existencia indigna que no merece la pena continuar.

 

  • Dios nos ha dado limitaciones. Por otro lado, no podemos jugar a ser Dios y decidir cuales vidas y cuales no merecen ser vividas. 1 Samuel 2:6-8 “El señor quita la vida y la da nos hace bajar al sepulcro y de él nos hace subir”.

 

  • Dios nos ha dado ejemplo. Jesucristo sufrió en la cruz de manera muy digna por todos nosotros. No se bajó de la cruz sino que en su sufrimiento dignificó nuestras vidas; las sanas y las enfermas. Jesús, en la cruz y por medio de ella, no nos dio por perdidos. Cristo no nos abandonó en nuestro sufrimiento ni nos entregó a la muerte sino sufrió y murió por nosotros. Por lo tanto, Jesús es nuestro máximo ejemplo de cómo amar a las personas dándoles el valor que Dios les otorga.

Por último y para concluir, debemos decir que desgraciadamente en la sociedad actual prima el egoísmo y la irresponsabilidad. Se cometen atrocidades que son maquilladas con eufemismos. Es más aceptable y digerible decir muerte dulce o digna o derecho a morir que hablar directamente de suicidio, homicidio o asesinato.  Hoy la sociedad no está dispuesta a mirarse al espejo de la honestidad sin maquillaje.

Es probable que juzgaríamos todo de manera muy diferente si fuésemos nosotros los que estuvieran en el lugar de las personas enfermas. Seguro que querríamos que nos alentaran a vivir y no a morir; que nos acompañaran y no, que nos abandonaran; que nos cuidaran y no, que nos desecharan simplemente por no servir o no estar conscientes.

Es triste y preocupante, como expones John Wyatt en su libro Asuntos de vida y muerte, que cierta ética y política pro-eutanasia postule que aquellos con una enfermedad incapacitante psicológica o física, y que les impide tener consciencia de su propia existencia o  ser autónomos desde el punto de vista funcional, no merecen vivir. Van más allá al afirmar que si les permitimos vivir es moralmente más indigno que si acabáramos con sus vidas.

Lo anterior choca directamente, no solamente con la cosmovisión cristiana sino con el juramento más fundamental de la medicina. Al respecto, Antonio Cruz en su libro Bioética Cristiana afirma: “La filosofía de la eutanasia tal como es concebida actualmente no sólo va contra el juramento hipocrático en cuanto defensa de la vida, sino que choca directamente con los principios básicos de la medicina. Mediante su aplicación no se pretende promover la salud y el bienestar del individuo sino su aniquilación prematura. Por tanto, la eutanasia no puede ser una forma de medicina, más bien se trata de una forma de homicidio, incluso aunque se lleve a cabo por compasión.”

También va en contra del sentido (común) cristiano que establece que a aquellos que por causa de su edad o alguna incapacidad no pueden valerse por sí mismos; o que no son conscientes de su propia existencia, nosotros, como su verdadero prójimo, debemos cuidarlos, atenderlos y revestirlos de toda dignidad. Justamente porque ellos no pueden hacerlo o no son conscientes de su situación, es que nosotros estamos obligados a hacerlo responsablemente y a no ser unos inconscientes.

En suma, la visión y posición cristiana son incompatibles e irreconciliables con la posición y visión atea en cuanto a los asuntos de la vida y la muerte. Pertenecen a dos grupos y mundos diferentes. Oro que España salga del grupo de los cinco y regrese al mundo de la cordura, sensatez y vida que nos debe presidir.


Fernando Ramirez De Arellano

ARTÍCULOS RELACIONADOS

Blog

Volvamos a la rutina

Así que, no me cabe la menor duda, de que el secreto de la fortaleza de Jesús y el éxito de su ministerio se basó en que jamás abandonó la rutina de comunión con su Padre por medio de ciertos instantes con el culto, la lectura de la Palabra, la oración, la meditación y los actos de compasión expresados en su compromiso con la gente.

Leer Más
Blog

Dios, nuestra esperanza

¿Qué estas esperando? ¿Cuál es el futuro que sueñas? ¿Qué tan lejos estás de él? Yo no puedo asegurarte que […]

Leer Más
Blog

El debate tecnológico

No es un debate nuevo, ni mucho menos, pero la abrupta irrupción en 2020 (año mágico) de un virus invisible en la vida cotidiana, tranquila para muchos y ya imposible para otros, nos ha planteado de pronto unos desafíos extraordinarios que nos han obligado, prácticamente sin alternativa, a recurrir a las tecnologías disponibles en la actualidad para poder cubrir las áreas de ministerio que las iglesias habíamos desarrollado y hemos de seguir desarrollando en el medio en el que vivimos.

Leer Más
DONACIONES