Naufragio

Hacía 50 días que el barco en el que Sonia viajaba rumbo a Irlanda había naufragado. Solamente ella y dos tripulantes más, el señor Bauer y Cristine, habían conseguido llegar a tierra y salvarse tras la tormenta.

Sonia era de origen alemán, era maestra en una escuela infantil y hacía cinco años que había acabado sus estudios teológicos en Berlín. Era hija de misioneros residentes en Lagos, Nigeria, donde había regresado después de acabar sus estudios para ayudar a sus padres con la obra. Mantenía el contacto con su prometido irlandés, al cual se disponía a ir a visitar y celebrar el nuevo año en compañía de sus futuros suegros, pero la tormenta se lo había impedido; acababan de sobrevivir milagrosamente a un naufragio.

 Estaba en una diminuta isla en medio del Atlántico y había llorado cada uno de aquellos días. ¿Quién les iba a encontrar? Muy pronto les darían por muertos. Todos los esfuerzos que había  hecho en su vida para llegar a ser quien era  ahora no valían para nada. Frente a ella, solo agua infinita. Entonces tomó lo único que había podido rescatar, una Biblia que había aparecido en la arena arrastrada por las olas hacía pocos días. Empezó a pasar algunas de las hojas arrugadas, tiesas e ilesas que quedaban y de repente fijó sus ojos en el  pasaje que relataba la conquista de Canaán, de cómo Josué y el pueblo de Israel cruzaron el río Jordán. Le llamó la atención el primer versículo del capítulo tres, y también el cinco.

«Josué se levantó de mañana y él y todos los hijos de Israel partieron de Sitim y vinieron hasta el Jordán, y reposaron allí antes de pasarlo» y «Santificaos, porque Jehová hará mañana maravillas entre vosotros»

-¡Qué cosas!- se dijo Sonia- yo aquí víctima de un naufragio y leyendo sobre esto…es ridículo. Sus dedos siguieron posándose al azar en otros pasajes.

Leyó cómo Moisés se enfrentó ante el peligro de tener a los egipcios persiguiéndole por la retaguardia y el Mar Rojo frente al pueblo, y todo ello por sorpresa. El peligro era inminente, todos iban a morir atravesados por  espadas o ahogados en el mar.

 Sonia recordaba las palabras de su madre, antes de partir para Europa, que la instaban a que pasara unos días más con ellos, que el tiempo iba a cambiar y que podría ser peligroso viajar. Si le hubiera hecho caso…pero era demasiado tarde. Siguió leyendo.

 «Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que  Jehová hará hoy con vosotros…»

 Todo aquello era un sin sentido, una broma de mal gusto ¿Qué quería decirle Dios? ¿Acaso iba también a abrir el mar?

 – Tengo que salir de esta isla como sea- se dijo- , eso es lo que tengo que hacer.

 Los días se fueron sucediendo, cada día era más duro permanecer en aquel pedazo de tierra, la búsqueda de alimentos se hacía cada vez más difícil. El Señor Bauer, un hombre de delicada salud, había muerto la semana anterior y ya solo contaba con la ayuda de Cristine, una  chica inglesa que siempre se quejaba por todo.

 Sonia la llamó  desde la orilla y las dos jóvenes se reunieron en la playa. Frente a ellas una balsa de madera.

 – ¿Crees que aguantará? Es una estructura demasiado endeble. Sigo creyendo que es una imprudencia, dijo Cristine. Yo no pienso subirme ahí.

 – Si no lo intentamos nunca lo sabremos, desde luego la hoguera que cada día enciendes no ha servido de mucho ¿No crees?

 Las dos subieron a la barca después de haber  subido algunos víveres. Al cabo de dos horas las olas empezaron a enfurecerse y a romper contra la embarcación. La balsa había desaparecido y ellas luchaban de nuevo por sobrevivir agarradas a uno de los  troncos sueltos. Al fin lograron   llegar de nuevo a la costa. El plan de Sonia había fracasado.

 Empezaron a hacerse a la idea de que  nada de lo que hicieran serviría para salir de allí…entonces se acordó de aquellos pasajes que había leído sobre Josué y Moisés, que en lugar de animarla la habían decepcionado. Buscó la Biblia, que desde entonces no había vuelto a abrir.

«Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos» (Ex. 14: 14)

«…y reposaron allí antes de pasarlo» (Jos. 3:1)

Tanto en el caso de Josué, que ya tenía la promesa de que pasaría el Jordán, como en el caso de Moisés, al cual el peligro  le pilló de improviso, Dios les había dado un mismo mensaje, que estuvieran tranquilos.

 Sonia se levantó de repente, miró al cielo, levantó su mano señalando con el dedo índice y gritó con todas sus fuerzas:

 – ¡De acuerdo Dios! no me queda ya nada más por hacer ni esperar, así que no voy a hacer nada, ¡Así me muera!

 Los días que siguieron, Sonia y Cristine se dedicaron solamente a buscar el alimento y el agua de cada día. Nunca habían  hablado sobre sus vidas de una manera abierta y desinteresada, se confesaron sus temores y  también se pidieron perdón. Sonia empezó a hablarle de Dios y de todo lo que había hecho por su familia en África. Cristine le contó  cómo de pequeña había ido de centro en centro y de familia de acogida en familia,  de su búsqueda incesante de sus padres biológicos, y de cómo descubrió que la habían abandonado siendo aún adolescentes por  encontrarse  involucrados en las drogas.

 Una de aquellas noches de  largas conversaciones las dos durmieron tranquilas, no tenían fuerzas para continuar viviendo, sus cuerpos habían llegado al límite.

Sonia abrió los ojos, todo era blanco a su alrededor, pensó que  aquel lugar sería el cielo, pero no, era la habitación de un hospital londinense.

 -¿Dónde está Cristine?

 – Cristine se encuentra bien, no te preocupes, descansa- dijo una voz  masculina de médico.

 De sus ojos empezaron a brotar lágrimas sin cesar.

 – Dios mío, has abierto el mar, hemos logrado pasar.


Belén Lechuga

Las Asambleas de Dios en el Movimiento Pentecostal

El inicio de las Asambleas de Dios de España está unido al movimiento pentecostal en nuestro país desde que llegó a principios del siglo XX hasta nuestros días. De ahí que se hace necesaria una reflexión para ubicar en el mover de Dios en nuestro país el papel de las Asambleas de Dios.

Es sin duda la guerra civil en la primera mitad de siglo pasado el punto de inflexión que marcará el devenir de la obra en España, sin embargo es a partir del fin de la guerra cuando la obra, no con pocas dificultades, inició un crecimiento imparable hasta nuestros días.

Fue la llegada de algunos misioneros a principios del s. XX los que establecieron los cimientos de lo que posteriormente formaron el núcleo de iglesias que fundaron  las Asambleas de Dios de España. Y fue en esa época donde llegaron los primeros misioneros pentecostales, Julia y Martin Wahlsten en al año 1923, procedentes de Suecia. Al año siguiente ya realizaron los primeros bautismos, coincidiendo con el primer pastor pentecostal Español: Antonio Rodríguez Ben, un joven de Lugo que se había convertido en Francia.

Diez años más tarde de la llegada de los misioneros se establecería la primera iglesia pentecostal en Madrid, en la que la obra llevada a cabo por el misionero sueco Sven llegó a tener una membresía de entre 30 y 40 personas antes de la guerra civil.

La guerra civil, que transcurrió entre 1936 hasta 1939 supuso la clausura de todas las iglesias y colegios evangélicos en España, la expulsión de misioneros y el encarcelamiento y fusilamiento de algunos pastores. Esta guerra significó un paréntesis en la obra, que se reinició casi una década después de terminar la misma, experimentando una leve apertura tras la primera ley de libertad religiosa en España.

Fue en 1946 cuando llegaron los primeros misioneros  de AD a La Coruña, la familia Perruc, al año siguiente se celebraba en Zurich (Suiza) la primera conferencia pentecostal mundial, que seguramente anunciaba lo que sería el devenir de la obra en España a lo largo de ese siglo. Aunque hubo que esperar al año 1949 cuando se inauguraba el primer templo de las Asambleas de Dios de España, en la ciudad de La Coruña, tras dos años de trabajo de los misioneros Perruc enviados desde Cuba, celebrándose los primeros bautismos en ese mismo año de 1949.

En ese tiempo el pastor Lamas, recién llegado a La Coruña,  viaja a Ronda, al sur de España, donde había constancia de que antes del inicio de la guerra, había una obra misionera  fundada por el misionero Jorge W. Tomas, y que desde 1930 había hermanos en la fe. Llegando a contactar con ellos y estrechando lazos. Un viaje de norte a sur muy fructífero, pues al pasar por Madrid contactó con hermanos en la fe de la primera iglesia pentecostal fundada por los misioneros suecos mencionados.  Desde entonces quedarían en contacto los hermanos del norte y del sur del país, pero sobre todo se estaba formando el embrión de las iglesias que años más tarde formarían las Asambleas de Dios de España.

La iglesia del sur de España en Ronda es pastoreada por el misionero Roy Dalton, que se hace cargo desde 1950, y a la vez funda otro punto de  misión en Ronda. En ese tiempo, en Barcelona, al noreste de España, en la región de Cataluña, se inaugura el primer templo de Asambleas de Dios en 1957, tras 8 años de trabajo en la obra. A su vez, José Rego abría obra en Gijón, quedando constituidas las 6 primeras iglesias fundadoras de las Asambleas de Dios de España.  Una década la de los años 50 caracterizada por una fuerte persecución a la iglesia en España, sin embargo quedaba constituido el inicio de ADE.

Fue la visita del Presidente de los EEUU Eisenhower la que vino a ser usada por el Señor para dar un respiro a la iglesia, ya que quedó  evidenciada la falta de libertad religiosa en España, una década que coincidió con un periodo de crecimiento económico y que en el año 1963, en el mes de noviembre se celebraba en Madrid la primera convención de  ADE por las seis primeras iglesias fundadas. Un periodo no exento de dificultades, pues fue cuatro años más tarde, en  1967, cuando se proclamaría la Ley de Libertad Religiosa, no sin inconvenientes y trabas por parte de las autoridades. Desde entonces fueron varias décadas de intolerancia hasta la llegada de la democracia en 1975, dificultades para abrir lugares de culto, para la realización de bodas, funerales, en el servicio militar de los creyentes, etc. Tiempos difíciles pero sin dejar de crecer, como lo evidenció la convención de ADE de 1970, en el que ya eran 13 las iglesias de ADE, consiguiendo duplicar el número de iglesias en apenas una década, lo que sin duda alentaba a los creyentes y ministros, entendiendo que el Señor tenia algo especial con nuestro país.

Con la llegada de la democracia en 1978 y la apertura de España a Europa, ya que era la hasta entonces la única dictadura de la Europa Occidental, y a pesar de los problemas económicos y  especialmente de terrorismo, la iglesias ADE contaban a inicios de los 80 con 24 iglesias y 10 años más tarde ya eran 57. Sin duda tiempos en los que el crecimiento no sólo era cuantitativo, sino cualitativo pues la iglesia empezó a tener una visión de reino y con ello se creó el Departamento de Misiones (DEMADE), posteriormente se firmaron acuerdos con el Estado y ADE se integró en el órgano de representación de todas las iglesias evangélicas frente al Gobierno (FEREDE). Una década en la que España volvía a estar en el centro del mundo durante el año 1992 con la Exposición Universal de Sevilla  y las Olimpiadas de Barcelona, en los que la iglesia en España y ADE participaron en campañas de evangelismo y trabajo conjunto con otras denominaciones.

La entrada al nuevo siglo constituyó un cambio notable en la organización de ADE, las 135 iglesias que formaban la denominación se constituyeron en una Federación de iglesias, adaptándose a los nuevos tiempos y la necesidad de preparar el terreno para un crecimiento en el que nuestra estructura fuese facilitadora de este nuevo paradigma. Siendo uno de los cambios mas importantes en los últimos 15 años la fusión de la convención y del retiro del cuerpo ministerial de ADE, en el que se superan los mil asistentes en los últimos congresos.

Es la historia de nuestro país la que nos impulsa a seguir adelante, desde que España aparece en el Nuevo Testamento como el deseo del destino de un viaje de Pablo creemos que Dios tiene algo especial con nuestro país. De ahí que en estos últimos cien años de historia, nos sentimos dichosos de que ADE haya sido participe de este siglo de historia pentecostal en nuestro país.  Sin duda nuevos tiempos que esperamos se vean culminados con la celebración del congreso mundial de AD en España, para seguir proclamando la luz del evangelio desde esta parte de Europa.


Antonio Manuel Simoni

Fake News vs Good News

Con el permiso de los lectores, siendo yo mismo un crítico del uso innecesario –abuso– de palabras de moda de origen extranjero que nos invaden, me atrevo a titular mi artículo –mi segundo en esta plataforma– con cuatro palabras inglesas y una que, aunque latina, abreviada, también nos es ajena. Lo hago deliberadamente –¿intencionalmente?– porque me interesa para mi artículo, porque transmiten doblemente un mensaje que deseo resaltar.

 

Las fake news han formado parte siempre de nuestro acerbo cultural, político y religioso, con la palabra más vulgar y menos prestigiosa de bulos o la más actual y popular de milongas –sabemos que en nuestra cultura actual todo lo anglosajón confiere un aura especial a cuanto afecta– o, simplemente, de mentiras, siempre respaldadas por algún interés particular, como aquel rumor en tiempos de los romanos –¡uf, cuánto tiempo hace de esto!– de que los cristianos sacrificaban un niño en sus cultos secretos y se lo comían (hoy entendemos perfectamente de dónde venía esta idea fantástica y, por supuesto, falsa); o la más cercana de que los protestantes no eran buenos españoles, porque eran masones o comunistas o estaban al servicio siempre de alguna potencia extranjera, etc. (hasta el día de hoy, que yo sepa, el Vaticano es una potencia extranjera, infiltrado en el mundo entero, no digamos aquí; aunque ahora menos).

Ahora, las fake news proliferan y se extienden de manera “viral”, es decir, como si fuera un virus incontrolado e incontrolable que lo infecta todo, algo de lo que hemos aprendido un montón sin pretenderlo en este fatídico aunque numérica y gráficamente atractivo 20-20. Antes se hablaba del “boca-a-boca” como medio de difusión eficaz, como si de una salvadora ayuda a la respiración interrumpida se tratara. Ahora las FN’s se sirven de las llamadas “redes sociales” que, como todas las redes, están hechas para enredar y atrapar incautos, “peces” que automáticamente, vía red, se convierten en “pescados”. Mi padre siempre me gastaba la broma de preguntarme “¿cuántos pescados hay en el mar?”. La primera vez, siendo niño, caí: “No sé, papá… ¿cómo voy a saberlo? No los puedo contar”. Y él me contestó solemne: “Hijo, ninguno. ¡Los “pescados” están fuera del mar!”. A mí, frustrado, me sonaba a trampa. Pero es una verdad de Perogrullo: en el mar, los peces son libres, no han caído en la red y, por tanto, no han sido pescados. ¿Dónde estamos nosotros? ¿atrapados en la red, o libres, como pez en el agua? Ojalá que, aun sirviéndonos de las redes en cuanto tienen de provechosas y útiles, no nos dejemos atrapar por ellas. Todas tienen el fin de “echarnos al plato” del voraz apetito de quien las tiende.

Lo dicho, hoy las redes sociales son el principal vehículo de difusión de las noticias falsas, bulos o milongas. Yo me pregunto: ¿Hemos perdido el entendimiento los cristianos? Me refiero a los cristianos evangélicos. Los otros, que cada palo aguante su vela, pero, ¿y nosotros?

Se ve que el confinamiento y la pandemia que lo ha originado han disparado también la “carga viral” de este tipo de “patógenos”, infectando nuestras “redes sociales evangélicas” a la vez que ha producido un estado “febril” en la mente de muchos nublándonos el entendimiento. Durante este tiempo, me he visto atacado por infinidad de estas bombas virales procedentes de todos los focos: hermanos, familiares y amigos, miembros de iglesia y ajenos a ella, de mi ciudad, de otras partes de España y hasta del extranjero. Mensajes apocalípticos, supuestos decretos divinos –como que Dios YA había decretado el cese de la pandemia (abril 2020, ha pasado tiempo y el virus no ha obedecido al decreto)–, ataques furibundos contra otros creyentes, juicios inmisericordes contra ellos, descalificaciones basadas en mentiras, remedios milagrosos casi como agua bendita para curar la enfermedad, etc. Verdaderas barbaridades –cosas de bárbaros, frente a las “romanadas” de los civilizados romanos, esos que Asterix llamaba “locos” («Fous ces romains»!). Y la confusión indescriptible e inexplicable de nuestros dirigentes políticos…

¿Qué podemos oponer los cristianos a todo esto? Muy sencillo: el VERSUS (Vs.)… las antiquísimas pero efectivas y maravillosas GOOD NEWS, que como todo el mundo sabe son las BUENAS NOTICIAS del evangelio de Jesucristo: “El que cree en mí tiene vida eterna”. Parece muy sencillo expresado así, pero esas y así son las Buenas Noticias, simples y claras, sin sofisticación ni truculencias. Es que el evangelio es sencillo. Dejemos de prestar atención a tanto bulo circulando por ahí; niégate a propagarlos. Si quieres averiguar, pregunta, pero no difundas más necedades, usando yo un calificativo bíblico. Celebro el comunicado de FEREDE en contra de tanto bulo y tanta mentira, a favor de dar credibilidad a lo que de verdad la tiene. Filtra la información que te llega y acógete a las promesas de la palabra de Dios. Los bulos traen zozobra y miedo, desconfianza en todo y en todos; su fin es crear un estado de ánimo en la gente para hacerlos manipulables con facilidad en cualquier sentido que convenga a sus promotores. Como dice el profeta: «¡A la Ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido» (Is 8:20). Es decir, carecen de luz, están en tinieblas, y en las tinieblas uno tropieza y cae –y se abre la cabeza.

Esto es como los chismes. La única manera de pararlos es no darles credibilidad ni difundirlos. Difundamos, mejor, la verdad, lo que edifica, da vida y libera, que es nuestra vocación y cometido. “¡Ay de mí, si no predico el evangelio!”, dice el apóstol Pablo. La verdad nos hace libres, los bulos, prisioneros.

¡Que el Señor nos ayude!


José Mª Baena

La cucharilla que estremeció al mundo

Que el coronavirus es un «bicho» extremadamente pequeño es algo que todos hemos asumido hace tiempo, pero ahora nos es posible adquirir una conciencia más clara de lo pequeño que es; Matt Parker, un matemático, ha realizado un estudio, publicado en el Daily Mail, en el que ha calculado que hay, en el planeta, 3,3 millones de billones de células de este coronavirus; una inmensa cantidad que, sin embargo, reunida en un solo lugar, apenas si ocuparía el equivalente a 8 ml, ¡una cucharilla y media de café!

Casi 55 millones de contagiados, mas de 1,3 millones de muertos en el mundo; en nuestro país cerca de 1,5 millones de contagiados y más de 40.000 fallecidos; la economía mundial al borde de la ruina, de la española mejor ni hablemos; hemos tenido que renunciar a movernos libremente, incluso al café con amigos; los sistemas sanitarios están sobrecargados y al borde del colapso. Todo por algo que solo abulta ¡¡una cucharilla y media de café!!

Resulta paradójico que para eliminar ese volumen de virus, será necesario movilizar a miles de personas, producir toneladas de una vacuna que ayudará a protegernos de tan minúsculo agresor.

Realmente somos muy frágiles, cuando algo tan pequeño ha logrado ponernos de rodillas.

El caso es que creo que nosotros, los cristianos, ya deberíamos ser conscientes de ello, a fin de cuentas el pecado es muy similar al COVID-19. No hace falta una gran cantidad para echar a perder nuestras vidas.

Pablo nos advierte en Gálatas 5:9 «un poco de levadura leuda toda la masa». El pecado no es un coronavirus, pero la Palabra nos deja claro que su tasa letal es inmensamente mayor, termina con la muerte del 100% de los «infectados»; y desgraciadamente, el indice de infección es del 100% de los seres humanos.

En volumen físico, el pecado no ocupa espacio, pero sus efectos sobre la humanidad no han cesado ni un momento desde el Edén. Resulta imposible calcular la cantidad de víctimas que ha dejado hasta ahora, y estremece pensar en las que aún puede causar entre los casi 8.000 millones de seres humanos sobre el planeta.

La vacuna está ya disponible para aquellos que la necesitan, se trata de un remedio mono dosis que elimina la infección y salva al enfermo: creer en Jesús.

Nos preocupa mucho que llegue cuanto antes la vacuna contra el COVID, entonces todos los sistemas de salud del mundo se aplicarán a la vacunación.

Entretanto, millones seguirán muriendo sin usar la única vacuna que les garantiza una vida que de verdad no termina nunca.

Debemos recordar que nosotros, la iglesia, somos el sistema de salud que Dios dispuso para vacunar a este mundo contra la peor pandemia que ha sufrido y sufrirá jamás.

¿Comprendemos de verdad la urgencia de nuestra misión?

Quizás toda esta situación debamos considerarla también una llamada de atención a ocupar el lugar que nos corresponde como medio de sanidad para este mundo.


Xesús M. Vilas Brandón

«Esperanza»

Estaba sentada en la orilla, encima de una barca vieja de colores desgastados que descansaba boca abajo en la arena, junto a tres palmeras. En un lateral de la proa se podía leer: «Esperanza»

Como todos los días muy temprano, y desde hacía más de veinte años,  ella ya estaba ahí, acurrucada, tomándose las rodillas cubiertas por sus largas faldas con ambos brazos y mirando fijamente el horizonte, a punto de ver cómo amanecía un nuevo día.Poco a poco iban adentrándose pequeñas embarcaciones en el mar, unas grandes y otras más pequeñas. La mayoría de la tripulación eran hombres mayores, experimentados en el arte de la pesca, pero también mujeres y algunos jóvenes.

Las embarcaciones se alejaban lentamente, desapareciendo poco a poco de su vista.

Al final de la mañana los veía regresar, menos ligeros de cómo habían zarpado, y entonces una multitud les ayudaba a descargar todo el peso que portaban, y entre el gentío, ella también se adelantaba, presta a ayudar en lo que hiciera falta, dejando a un lado la tarea que siempre la tenía ocupada, el remiendo de las redes.

Le encantaba el olor a pescado fresco así como la alegría y el bullicio que se formaba alrededor de los barcos, los pescadores y sus familias.

Cierta mañana, ocupada en su rutinaria tarea, mientras esperaba la llegada de los barcos, un hombre se acercó a donde ella estaba. Se encontraba sola, sumida en sus pensamientos, sosteniendo la aguja con fuerza entre sus dedos.

-¿Qué estás haciendo? Le preguntó él.

-Remiendo las redes de los pescadores, contestó ella sin levantar apenas la mirada.

-¿Dónde está tu barca?

-No tengo, yo no pesco.

– ¿Perdiste la Esperanza?

Ella paró de hacer lo que estaba haciendo de inmediato y miró al hombre, que continuó hablándole.

-Hace años mi Padre te regaló una barca llamada Esperanza, sobre la cual te sientas cada día para observar desde su enmohecido casco el mar. Todos saben que quien conoce el oficio de tejer redes es o fue pescador alguna vez.

Los ojos de la muchacha se llenaron de gotas de agua salada.

-Me da miedo la grandeza del océano.

-Mi Padre quiere que salgas a pescar, deja de remendar las redes de otros y toma tu barca.

-Está rota y además perdí los remos.

-Yo te ayudaré a restaurarla y te daré unos nuevos.

-No tengo velas para dirigir el viento.

-No importa, coseremos unas nuevas, yo mandaré al viento soplar cuando sea escaso y le ordenaré callar, si se enfurece.

-Ya no tengo fuerzas en los brazos para echar la barca al mar, y mucho menos para tirar de las redes llenas y dejar los peces en la cubierta.

-No te preocupes, yo iré contigo y te ayudaré, y con el tiempo, contratarás a algún ayudante más.

¡Vamos, sígueme! Empecemos la tarea que mi Padre te encomendó hace tiempo.

Ella lo pensó durante un instante. El hombre esperaba con su mano tendida, mirándola con ternura. Por fin ella la tomó. Las lágrimas de sus ojos se precipitaron al vacío.

 

«Y les dijo: Seguidme, y yo os haré pescadores de hombres» Mateo 4:19

 


Belén Lechuga

Petit à petit l’oiseau fait son nid

Escuchaba desenfadadamente algunos consejos del escritor español César Mallorquí para aquellos que gustan del arte escurridizo que él encarna, cuando usó este adagio francés que da título a esta nota. Hasta el momento de escucharlo, era desconocido en su totalidad para mí. La frase me resultó tan exacta como las matemáticas. La traducción de este aforismo galo sería algo así: “Poco a poco, el pájaro hace su nido.”

La frase, y su devenida traducción, no ha sido la revelación del siglo. Es sabido que la paciencia y la perseverancia son virtudes imprescindibles para casi todo lo que merezca la pena crear o conseguir. Lo que me llamó la atención fue la forma en con la cual el escritor me recordó esta verdad, las imágenes a las que me transportó y los pensamientos que evocó en mí, reforzando aquello que ya pensaba y despertando recuerdos propios que vigorizaron mi reflexión.

Mi mente voló hasta Pinar del Río, a aquellos días de infancia, cuando en los veranos, sin la tiranía de los horarios de clases, nuestra familia viajaba desde la adusta Habana hasta la tierra cuna de mi padre. En casa de los abuelos, sin luz eléctrica, bebiendo agua de pozo, y en ausencia total del invasivo asfalto, fui inmensamente feliz. Libre de zapatos, descamisado y con más ganas de aventura que los personajes de Melville, exploré ríos y caminos. Trepé árboles, y atesoré con la mirada, el vuelo, el cantar y el ordinario comportamiento de los pájaros, que me parecía fascinante y me lo parece aún. No tenía una cámara de fotos, demasiado pobre para ese lujo en aquella Cuba llena de carencias. Pero incorporé en mi memoria el cantar de la Cartacuba, ave que existe solamente en mi país y cuyo trino suena en mi cabeza tres décadas después de haberla escuchado por primera vez.

Llevo conmigo siempre, indeleble, el repiquetear del pájaro carpintero, los llamativos colores del Tocororo, y el raudo vuelo del Zunzuncito, ave endémica de Cuba y la más pequeña del mundo -unos cinco centímetros desde la punta del pico hasta la cola-. Este último, siempre ha ejercido un magnetismo especial en mí. Su subsistencia, a pesar de su tamaño y peso (1,8 gramos), es un misterio en medio de tantos depredadores naturales. Quizás, lo que más me conecta con el Zunzuncito, es que a diferencia de muchos cubanos que los han visto volar, succionar el néctar de las flores y batir las alas en estático vuelo, yo he visto con estos ojos en aquel entonces sin presbicia, un nido con la mamá dentro y los huevecillos blancos y minúsculos que contenían la vida en milímetros de dos Zunzuncitos. Los nidos de este diminuto colibrí miden apenas tres centímetros y son una obra de ingeniería a pequeña escala. Aquella experiencia fue como descubrir Liliput, nunca la olvidaré.

Entre frases de César Mallorquí y remembranzas de aquella infancia sin preocupaciones, decidí rescatar de la memoria y plasmar en papel virtual, a golpe de mi arrítmico tecleo, aquellos días en lontananza y especialmente aquel en que vi un nido de Zunzuncito, un nido que no se hizo de un tirón, sino poco a poco, con esa chispa divina que Dios ha puesto en cada ave y a la que llamamos pobremente, instinto.

Pienso como hermeneuta y quiero aplicar a mis recuerdos algún tipo de interpretación teológica.  Quiero encontrar esas verdades paralelas que subyacen en la creación, esos mensajes que Dios me envía desde el pasado como si fuera algo encriptado en esos días, pero que puedo develar hoy. Como una capsula del tiempo que abro cuidadosamente para no dañar su contenido y descubrir su significado ahora. Busco la interpretación que puede dilucidar este adulto con nostalgia de esa niñez inocente. Descubro que le doy un significado muy distinto al que le di en aquel instante en que lo experimenté, o tal vez no es un significado distinto, sino un significado más completo.

Si el Zunzuncito sigue ahí a pesar de su pequeñez, a pesar de sus muchos enemigos naturales, si sigue construyendo sus nidos, alimentando a sus polluelos y revoloteando con gracia única, será porque poco a poco, no solo construye su nido, sino que existe así, de a poco, con la cadencia triunfal de la perseverancia, con el día a día por delante, con la chispa divina de una misión: existir porque sí y a pesar de todo. Esta avecilla es un mensaje de fe y esperanza gritado desde bosques y ciénagas de Cuba. Quizás como ella, nosotros también somos un algoritmo poco probable, nuestra existencia como cristianos, tan pequeños e insignificantes en tamaño causa extrañeza a estadistas y sociólogos. La iglesia sigue aquí, poco a poco, construyendo.


Osmany Cruz Ferrer

Pastorear tras un bombazo

No estamos en guerra, ¿o sí? Lo cierto es que lo de la pandemia nos ha caído encima como un verdadero bombazo.

Oímos el zumbido ya en el mes de enero procedente del Lejano Oriente y como bomba de fragmentación empezó dejando sus proyectiles encimita de Europa: Italia, Francia, España… Nuestras iglesias sufrieron el impacto de manera muy particular. De pronto, aunque no sin aviso, nos vimos con-finados, es decir prácticamente “muertos” en forma colectiva. Nuestras iglesias cerradas, mucha gente literalmente finada, es decir, en el cementerio –hoy son decenas de miles en nuestro propio país. Han caído creyentes, pastores, padres, madres, hijos, hermanos… Todo un bombazo inesperado.

¿Cómo nos ha afectado todo esto a los pastores? ¿Cómo hemos reaccionado? ¿Cómo nos va a seguir afectando? Porque los efectos del bombazo persisten, el cráter es ancho y profundo, los daños inmensos, en el mundo que nos rodea y en el seno de nuestras iglesias. Nada volverá a ser igual, nos dicen, y yo lo creo: ¡nada volverá a ser igual!

Pero los pastores no lo somos solo cuando las cosas van bien, en medio de la “normalidad”, a la que tantos se refieren con nostalgia infinita, incluso de la “nueva normalidad”, inaugurada apresuradamente antes de su puesta en marcha, a menos que esa nueva realidad sea la de convivir con la amenaza invisible constante, con el contagio silencioso y clandestino, con el “distanciamiento social”, la falta de libertad, el desconcierto gobernante y la zozobra permanente. Esto es lo normal a nuestro alrededor.

Los pastores estamos para pastorear nuestros rebaños y guiarlos en medio del “valle tenebroso y de muerte” por el que estamos pasando, dando seguridad y aliento a las ovejas que el Señor ha puesto a nuestro cuidado en su nombre. El bombazo nos ha sorprendido, cierto. Ha roto los tímpanos espirituales de muchos y también, desgraciadamente, ha acabado con la vida de muchos compañeros y personas que respetábamos y apreciábamos. Pero tenemos que seguir adelante con nuestra labor, aunque nuestro ministerio nos convierta en personal de riesgo –siempre lo hemos sido, no cambia nada.

Al principio, algunos, sorprendidos, han quedado algo así como aturdidos, pero una vez pasada la conmoción hemos reaccionado con la máxima rapidez posible. Lo primero, hemos echado a andar la máquina de pensar, algo oxidada a veces; después, hemos llamado aquí y allá a nuestros colegas con los que más confianza teníamos y hemos contrastado ideas, hemos pedido consejo, compartido estrategias, etc. La necesidad aguza el ingenio, dice la sabiduría popular, totalmente cierto. Y nos las hemos ingeniado. Creo que en esto, el Espíritu Santo también ha tenido su lugar.

Sé que la mayoría, sabiendo o sin saber, ha echado mano de los recursos disponibles, de la tecnología, de los diferentes medios que tenemos para intercomunicarnos, y ha salido un nuevo “modelo” –si podemos llamarlo así– de iglesia. Reuniones por Zoom, o Skype (las señales de humo quedan muy lejos), predicaciones videograbadas, o cultos transmitidos en streaming, el teléfono humeante… Elí caso es que la “autoridad espiritual de este mundo” no ha conseguido acabar con la vida de iglesia.

Vale. Esta faceta de nuestro ministerio ha superado de una manera u otra el desafío, unos más, otros menos, pero creo que aceptablemente. Pero ahora se nos presentan nuevos retos; son los efectos secundarios del bombazo. Aparte de la amenaza de un nuevo bombardeo, del que ya empiezan a sonar las alarmas invitándonos a acudir al refugio, los daños del primer embate todavía reclaman nuestra atención.

Nuestra vida congregacional no es la misma y puede que nunca más vuelva a ser igual. Aunque hayamos sido capaces de atender de forma inmediata la actividad principal que es el culto congregacional, muchos programas han quedado aparcados o marchan al ralentí. Las actividades extra-locales y multitudinarias han quedado bloqueadas sine die… vivimos en un compás de espera donde nada está claro para los próximos meses, y quizá hasta algún año más.

En cuanto a los miembros, los de alto riesgo no vienen (personas mayores, enfermos, etc.), en el caso que hayamos reanudado la celebración de cultos presenciales, que no todo el mundo ha podido hacerlo. Otros no vienen por miedo al contagio, y otros no volverán, como las golondrinas de Bécquer. El pastor y asesor de iglesias Tom Rainer, de los EE.UU., hace una apreciación en su blog que las iglesias perderán el 20% de su membresía (habla de su país). Las finanzas han sufrido una sacudida importante pues, si no hay cultos, las ofrendas y diezmos decaen, al no poder depositarlos directamente. La respuesta está en la fidelidad de los fieles –los miembros de verdad– que ingresan sus diezmos y ofrendas por transferencia bancaria. Según este asesor, para lograr la estabilidad financiera de supervivencia, una iglesia debería conseguir que el 60% de sus ingresos fueran por vía bancaria. Como dirigentes de nuestras iglesias, dar solución este tipo de problemas, más la atención personalizada por vía telefónica, se hace necesaria para hacerle frente a la situación originada y salir del cráter.

¿Hacia dónde vamos? Imagino que esa misma pregunta se hacían la iglesia primitiva frente a la persecución, o la iglesia medieval frente a la corrupción generalizada del clero y del común de los llamados cristianos, o las iglesias surgidas de la Reforma. ¿Qué nos deparará el porvenir? Como líderes cristianos no podemos perder la perspectiva histórica ni tampoco la escatológica. En cada crisis, y siempre ha habido crisis de todo tipo, sanitarias, políticas, eclesiásticas, espirituales, etc., la iglesia ha seguido adelante. La promesa de Jesús es veraz: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”, o “las puertas del infierno no prevalecerán contra la iglesia”. No nos desanimemos, pues, pero seamos prudentes. Busquemos del Señor para conocer los tiempos en que vivimos, y seamos siempre fieles a nuestro llamado y a su palabra, desarrollando en el amor de Dios nuestro ministerio hacia las almas que tanto lo necesitan.


José Mª Baena

¿Te sientes lejos de Dios?

Si eres padre o madre, sabes que en esos primeros meses de nuestros hijos, necesitan todo de nosotros. De hecho, si se sienten solos o se dan cuenta que estamos haciendo algo en dónde no son el centro de atención, fácilmente pueden llorar y despertar al vecindario entero para que podamos responder pronto, alzarles y permitirles saber que estamos cerca, cuidando de ellos.

A menudo, esto puede ser frustrante, porque usualmente como padres estamos pendientes de cada detalle y suele suceder que en el momento preciso en el que salimos a la cocina o entramos al baño, un fuerte grito o llanto nos hace correr para volver a estar cerca de nuestros hijos.

Ahora, nuestros bebés, generalmente no están solos, pero su llanto y gritos parece que dijeran que nos necesitan todo el tiempo a su lado para afianzar su seguridad. ¿Verdad? Bueno, lo mismo pasa con nuestro Padre de los cielos.

¿Has experimentado circunstancias en las que te sientes lejos de Dios? ¿Momentos en los que oras y no encuentras respuesta?… ¿en los que ves a tu alrededor y una sobrecogedora soledad invade tu mente?

Creo que tanto tu como yo estamos de acuerdo que la biblia es la palabra de Dios, y en Efesios 2:13 dice que estás unido a Jesús y que fuiste acercado al Padre por medio de la sangre de nuestro salvador ¿Qué quiere decir? Que es como si tu hijo llorara porque siente que no estás cuando en realidad tú nunca lo has bajado de tus brazos.

El amor de Dios sobre tu vida es infinito ¡Él tiene cuidado de tu vida y nunca te abandonará!

¡Recibe y aférrate esta hermosa verdad!

 Efesios 2:13

“pero ahora han sido unidos a Cristo Jesús. Antes estaban muy lejos de Dios, pero ahora fueron acercados por medio de la sangre de Cristo.”

Señor, ¡multiplica mi tiempo!

Uno de los acompañantes implacables del transcurso de la vida es el tiempo. Vemos a nuestros hijos aprendiendo a caminar y en otro instante ya se están graduando de la Universidad.

 

Al principio de este año celebramos la llegada del 2020 con la expectativa del año de la visión, el cambio y la transformación y hoy, diez meses después, si evaluamos cuántas de las metas que nos propusimos en un inicio logramos, vamos a darnos cuenta que tal vez se quedaron en la mitad.

 

Por eso, en Asambleas de Dios queremos compartirte 3 maneras de organizar y administrar tu tiempo correctamente, de acuerdo a Salmos 90:12, para aprovechar estos meses que nos quedan del año.

 

  1. Entrega la administración del tiempo a Dios: incluye al orar, una petición para que el Señor sea dirigiendo tus prioridades y por ende, el tiempo que dedicas a cada área de tu vida.
  2. Sé consiente del paso del tiempo: Si, a menudo obviamos el paso del tiempo o evadimos pensar en ello, sin embargo, la palabra de Dios nos enseña a ser intencionales, para poder ejercer una buena administración.
  3. Involucra la sabiduría en la planificación de tus actividades: una forma de administrar correctamente el tiempo es planificando, procura organizar tus tareas para que cumplas lo que te has propuesto, dirigiendo tus actividades con paz y dirección divina.

Finalmente, recuerda que el tiempo es uno de los recursos más importantes que el Señor nos ha dado, nuestra administración guiada por su amor nos dará bendición, multiplicación e incluso prosperidad.

Enséñanos de tal modo a contar nuestros días,
Que traigamos al corazón sabiduría.

Salmos 90:12

Orando con sabiduría

Te has preguntado ¿Cómo le gustaría a Dios que oraras?

Si te ha pasado, es importante que sepas que cientos de personas se han preguntado lo mismo. Afortunadamente, la biblia tiene varios ejemplos de oraciones que hombres y mujeres hicieron y la respuesta que el Señor le dio a cada una de ellas.

Uno de los ejemplos de oraciones realizadas en la biblia, se encuentra en Efesios 1, esta carta fue escrita por el apóstol Pablo a la comunidad de Éfeso, en ella, pide sabiduría espiritual y percepción para los creyentes de la iglesia con el fin de estimular y fortalecer el conocimiento del Padre, y por lo tanto, su fe.

¿Por qué Pablo oraría por ello? Porque la sabiduría de Dios nos ayuda a tomar buenas decisiones, nos dirige para edificar nuestra casa, nos permite ser buenos administradores de lo que Dios nos ha dado e incluso, nos lleva a multiplicarlo.

La sabiduría espiritual y percepción, o en otras versiones, referida como discernimiento, nos da la capacidad de crecer en el conocimiento de Dios y por lo tanto, de experimentar su poder.

Oremos por ella, que sea el Señor abriendo nuestros ojos y corazón para comprender su voluntad y ponerla por obra a través de nuestras acciones.

Efesios 1:17

“y le pido a Dios, el glorioso Padre de nuestro Señor Jesucristo, que les dé sabiduría espiritual[g] y percepción, para que crezcan en el conocimiento de Dios.” 

 

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