Petit à petit l’oiseau fait son nid

Escuchaba desenfadadamente algunos consejos del escritor español César Mallorquí para aquellos que gustan del arte escurridizo que él encarna, cuando usó este adagio francés que da título a esta nota. Hasta el momento de escucharlo, era desconocido en su totalidad para mí. La frase me resultó tan exacta como las matemáticas. La traducción de este aforismo galo sería algo así: “Poco a poco, el pájaro hace su nido.”

La frase, y su devenida traducción, no ha sido la revelación del siglo. Es sabido que la paciencia y la perseverancia son virtudes imprescindibles para casi todo lo que merezca la pena crear o conseguir. Lo que me llamó la atención fue la forma en con la cual el escritor me recordó esta verdad, las imágenes a las que me transportó y los pensamientos que evocó en mí, reforzando aquello que ya pensaba y despertando recuerdos propios que vigorizaron mi reflexión.

Mi mente voló hasta Pinar del Río, a aquellos días de infancia, cuando en los veranos, sin la tiranía de los horarios de clases, nuestra familia viajaba desde la adusta Habana hasta la tierra cuna de mi padre. En casa de los abuelos, sin luz eléctrica, bebiendo agua de pozo, y en ausencia total del invasivo asfalto, fui inmensamente feliz. Libre de zapatos, descamisado y con más ganas de aventura que los personajes de Melville, exploré ríos y caminos. Trepé árboles, y atesoré con la mirada, el vuelo, el cantar y el ordinario comportamiento de los pájaros, que me parecía fascinante y me lo parece aún. No tenía una cámara de fotos, demasiado pobre para ese lujo en aquella Cuba llena de carencias. Pero incorporé en mi memoria el cantar de la Cartacuba, ave que existe solamente en mi país y cuyo trino suena en mi cabeza tres décadas después de haberla escuchado por primera vez.

Llevo conmigo siempre, indeleble, el repiquetear del pájaro carpintero, los llamativos colores del Tocororo, y el raudo vuelo del Zunzuncito, ave endémica de Cuba y la más pequeña del mundo -unos cinco centímetros desde la punta del pico hasta la cola-. Este último, siempre ha ejercido un magnetismo especial en mí. Su subsistencia, a pesar de su tamaño y peso (1,8 gramos), es un misterio en medio de tantos depredadores naturales. Quizás, lo que más me conecta con el Zunzuncito, es que a diferencia de muchos cubanos que los han visto volar, succionar el néctar de las flores y batir las alas en estático vuelo, yo he visto con estos ojos en aquel entonces sin presbicia, un nido con la mamá dentro y los huevecillos blancos y minúsculos que contenían la vida en milímetros de dos Zunzuncitos. Los nidos de este diminuto colibrí miden apenas tres centímetros y son una obra de ingeniería a pequeña escala. Aquella experiencia fue como descubrir Liliput, nunca la olvidaré.

Entre frases de César Mallorquí y remembranzas de aquella infancia sin preocupaciones, decidí rescatar de la memoria y plasmar en papel virtual, a golpe de mi arrítmico tecleo, aquellos días en lontananza y especialmente aquel en que vi un nido de Zunzuncito, un nido que no se hizo de un tirón, sino poco a poco, con esa chispa divina que Dios ha puesto en cada ave y a la que llamamos pobremente, instinto.

Pienso como hermeneuta y quiero aplicar a mis recuerdos algún tipo de interpretación teológica.  Quiero encontrar esas verdades paralelas que subyacen en la creación, esos mensajes que Dios me envía desde el pasado como si fuera algo encriptado en esos días, pero que puedo develar hoy. Como una capsula del tiempo que abro cuidadosamente para no dañar su contenido y descubrir su significado ahora. Busco la interpretación que puede dilucidar este adulto con nostalgia de esa niñez inocente. Descubro que le doy un significado muy distinto al que le di en aquel instante en que lo experimenté, o tal vez no es un significado distinto, sino un significado más completo.

Si el Zunzuncito sigue ahí a pesar de su pequeñez, a pesar de sus muchos enemigos naturales, si sigue construyendo sus nidos, alimentando a sus polluelos y revoloteando con gracia única, será porque poco a poco, no solo construye su nido, sino que existe así, de a poco, con la cadencia triunfal de la perseverancia, con el día a día por delante, con la chispa divina de una misión: existir porque sí y a pesar de todo. Esta avecilla es un mensaje de fe y esperanza gritado desde bosques y ciénagas de Cuba. Quizás como ella, nosotros también somos un algoritmo poco probable, nuestra existencia como cristianos, tan pequeños e insignificantes en tamaño causa extrañeza a estadistas y sociólogos. La iglesia sigue aquí, poco a poco, construyendo.


Osmany Cruz Ferrer

Pastorear tras un bombazo

No estamos en guerra, ¿o sí? Lo cierto es que lo de la pandemia nos ha caído encima como un verdadero bombazo.

Oímos el zumbido ya en el mes de enero procedente del Lejano Oriente y como bomba de fragmentación empezó dejando sus proyectiles encimita de Europa: Italia, Francia, España… Nuestras iglesias sufrieron el impacto de manera muy particular. De pronto, aunque no sin aviso, nos vimos con-finados, es decir prácticamente “muertos” en forma colectiva. Nuestras iglesias cerradas, mucha gente literalmente finada, es decir, en el cementerio –hoy son decenas de miles en nuestro propio país. Han caído creyentes, pastores, padres, madres, hijos, hermanos… Todo un bombazo inesperado.

¿Cómo nos ha afectado todo esto a los pastores? ¿Cómo hemos reaccionado? ¿Cómo nos va a seguir afectando? Porque los efectos del bombazo persisten, el cráter es ancho y profundo, los daños inmensos, en el mundo que nos rodea y en el seno de nuestras iglesias. Nada volverá a ser igual, nos dicen, y yo lo creo: ¡nada volverá a ser igual!

Pero los pastores no lo somos solo cuando las cosas van bien, en medio de la “normalidad”, a la que tantos se refieren con nostalgia infinita, incluso de la “nueva normalidad”, inaugurada apresuradamente antes de su puesta en marcha, a menos que esa nueva realidad sea la de convivir con la amenaza invisible constante, con el contagio silencioso y clandestino, con el “distanciamiento social”, la falta de libertad, el desconcierto gobernante y la zozobra permanente. Esto es lo normal a nuestro alrededor.

Los pastores estamos para pastorear nuestros rebaños y guiarlos en medio del “valle tenebroso y de muerte” por el que estamos pasando, dando seguridad y aliento a las ovejas que el Señor ha puesto a nuestro cuidado en su nombre. El bombazo nos ha sorprendido, cierto. Ha roto los tímpanos espirituales de muchos y también, desgraciadamente, ha acabado con la vida de muchos compañeros y personas que respetábamos y apreciábamos. Pero tenemos que seguir adelante con nuestra labor, aunque nuestro ministerio nos convierta en personal de riesgo –siempre lo hemos sido, no cambia nada.

Al principio, algunos, sorprendidos, han quedado algo así como aturdidos, pero una vez pasada la conmoción hemos reaccionado con la máxima rapidez posible. Lo primero, hemos echado a andar la máquina de pensar, algo oxidada a veces; después, hemos llamado aquí y allá a nuestros colegas con los que más confianza teníamos y hemos contrastado ideas, hemos pedido consejo, compartido estrategias, etc. La necesidad aguza el ingenio, dice la sabiduría popular, totalmente cierto. Y nos las hemos ingeniado. Creo que en esto, el Espíritu Santo también ha tenido su lugar.

Sé que la mayoría, sabiendo o sin saber, ha echado mano de los recursos disponibles, de la tecnología, de los diferentes medios que tenemos para intercomunicarnos, y ha salido un nuevo “modelo” –si podemos llamarlo así– de iglesia. Reuniones por Zoom, o Skype (las señales de humo quedan muy lejos), predicaciones videograbadas, o cultos transmitidos en streaming, el teléfono humeante… Elí caso es que la “autoridad espiritual de este mundo” no ha conseguido acabar con la vida de iglesia.

Vale. Esta faceta de nuestro ministerio ha superado de una manera u otra el desafío, unos más, otros menos, pero creo que aceptablemente. Pero ahora se nos presentan nuevos retos; son los efectos secundarios del bombazo. Aparte de la amenaza de un nuevo bombardeo, del que ya empiezan a sonar las alarmas invitándonos a acudir al refugio, los daños del primer embate todavía reclaman nuestra atención.

Nuestra vida congregacional no es la misma y puede que nunca más vuelva a ser igual. Aunque hayamos sido capaces de atender de forma inmediata la actividad principal que es el culto congregacional, muchos programas han quedado aparcados o marchan al ralentí. Las actividades extra-locales y multitudinarias han quedado bloqueadas sine die… vivimos en un compás de espera donde nada está claro para los próximos meses, y quizá hasta algún año más.

En cuanto a los miembros, los de alto riesgo no vienen (personas mayores, enfermos, etc.), en el caso que hayamos reanudado la celebración de cultos presenciales, que no todo el mundo ha podido hacerlo. Otros no vienen por miedo al contagio, y otros no volverán, como las golondrinas de Bécquer. El pastor y asesor de iglesias Tom Rainer, de los EE.UU., hace una apreciación en su blog que las iglesias perderán el 20% de su membresía (habla de su país). Las finanzas han sufrido una sacudida importante pues, si no hay cultos, las ofrendas y diezmos decaen, al no poder depositarlos directamente. La respuesta está en la fidelidad de los fieles –los miembros de verdad– que ingresan sus diezmos y ofrendas por transferencia bancaria. Según este asesor, para lograr la estabilidad financiera de supervivencia, una iglesia debería conseguir que el 60% de sus ingresos fueran por vía bancaria. Como dirigentes de nuestras iglesias, dar solución este tipo de problemas, más la atención personalizada por vía telefónica, se hace necesaria para hacerle frente a la situación originada y salir del cráter.

¿Hacia dónde vamos? Imagino que esa misma pregunta se hacían la iglesia primitiva frente a la persecución, o la iglesia medieval frente a la corrupción generalizada del clero y del común de los llamados cristianos, o las iglesias surgidas de la Reforma. ¿Qué nos deparará el porvenir? Como líderes cristianos no podemos perder la perspectiva histórica ni tampoco la escatológica. En cada crisis, y siempre ha habido crisis de todo tipo, sanitarias, políticas, eclesiásticas, espirituales, etc., la iglesia ha seguido adelante. La promesa de Jesús es veraz: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”, o “las puertas del infierno no prevalecerán contra la iglesia”. No nos desanimemos, pues, pero seamos prudentes. Busquemos del Señor para conocer los tiempos en que vivimos, y seamos siempre fieles a nuestro llamado y a su palabra, desarrollando en el amor de Dios nuestro ministerio hacia las almas que tanto lo necesitan.


José Mª Baena

¿Te sientes lejos de Dios?

Si eres padre o madre, sabes que en esos primeros meses de nuestros hijos, necesitan todo de nosotros. De hecho, si se sienten solos o se dan cuenta que estamos haciendo algo en dónde no son el centro de atención, fácilmente pueden llorar y despertar al vecindario entero para que podamos responder pronto, alzarles y permitirles saber que estamos cerca, cuidando de ellos.

A menudo, esto puede ser frustrante, porque usualmente como padres estamos pendientes de cada detalle y suele suceder que en el momento preciso en el que salimos a la cocina o entramos al baño, un fuerte grito o llanto nos hace correr para volver a estar cerca de nuestros hijos.

Ahora, nuestros bebés, generalmente no están solos, pero su llanto y gritos parece que dijeran que nos necesitan todo el tiempo a su lado para afianzar su seguridad. ¿Verdad? Bueno, lo mismo pasa con nuestro Padre de los cielos.

¿Has experimentado circunstancias en las que te sientes lejos de Dios? ¿Momentos en los que oras y no encuentras respuesta?… ¿en los que ves a tu alrededor y una sobrecogedora soledad invade tu mente?

Creo que tanto tu como yo estamos de acuerdo que la biblia es la palabra de Dios, y en Efesios 2:13 dice que estás unido a Jesús y que fuiste acercado al Padre por medio de la sangre de nuestro salvador ¿Qué quiere decir? Que es como si tu hijo llorara porque siente que no estás cuando en realidad tú nunca lo has bajado de tus brazos.

El amor de Dios sobre tu vida es infinito ¡Él tiene cuidado de tu vida y nunca te abandonará!

¡Recibe y aférrate esta hermosa verdad!

 Efesios 2:13

“pero ahora han sido unidos a Cristo Jesús. Antes estaban muy lejos de Dios, pero ahora fueron acercados por medio de la sangre de Cristo.”

Señor, ¡multiplica mi tiempo!

Uno de los acompañantes implacables del transcurso de la vida es el tiempo. Vemos a nuestros hijos aprendiendo a caminar y en otro instante ya se están graduando de la Universidad.

 

Al principio de este año celebramos la llegada del 2020 con la expectativa del año de la visión, el cambio y la transformación y hoy, diez meses después, si evaluamos cuántas de las metas que nos propusimos en un inicio logramos, vamos a darnos cuenta que tal vez se quedaron en la mitad.

 

Por eso, en Asambleas de Dios queremos compartirte 3 maneras de organizar y administrar tu tiempo correctamente, de acuerdo a Salmos 90:12, para aprovechar estos meses que nos quedan del año.

 

  1. Entrega la administración del tiempo a Dios: incluye al orar, una petición para que el Señor sea dirigiendo tus prioridades y por ende, el tiempo que dedicas a cada área de tu vida.
  2. Sé consiente del paso del tiempo: Si, a menudo obviamos el paso del tiempo o evadimos pensar en ello, sin embargo, la palabra de Dios nos enseña a ser intencionales, para poder ejercer una buena administración.
  3. Involucra la sabiduría en la planificación de tus actividades: una forma de administrar correctamente el tiempo es planificando, procura organizar tus tareas para que cumplas lo que te has propuesto, dirigiendo tus actividades con paz y dirección divina.

Finalmente, recuerda que el tiempo es uno de los recursos más importantes que el Señor nos ha dado, nuestra administración guiada por su amor nos dará bendición, multiplicación e incluso prosperidad.

Enséñanos de tal modo a contar nuestros días,
Que traigamos al corazón sabiduría.

Salmos 90:12

Orando con sabiduría

Te has preguntado ¿Cómo le gustaría a Dios que oraras?

Si te ha pasado, es importante que sepas que cientos de personas se han preguntado lo mismo. Afortunadamente, la biblia tiene varios ejemplos de oraciones que hombres y mujeres hicieron y la respuesta que el Señor le dio a cada una de ellas.

Uno de los ejemplos de oraciones realizadas en la biblia, se encuentra en Efesios 1, esta carta fue escrita por el apóstol Pablo a la comunidad de Éfeso, en ella, pide sabiduría espiritual y percepción para los creyentes de la iglesia con el fin de estimular y fortalecer el conocimiento del Padre, y por lo tanto, su fe.

¿Por qué Pablo oraría por ello? Porque la sabiduría de Dios nos ayuda a tomar buenas decisiones, nos dirige para edificar nuestra casa, nos permite ser buenos administradores de lo que Dios nos ha dado e incluso, nos lleva a multiplicarlo.

La sabiduría espiritual y percepción, o en otras versiones, referida como discernimiento, nos da la capacidad de crecer en el conocimiento de Dios y por lo tanto, de experimentar su poder.

Oremos por ella, que sea el Señor abriendo nuestros ojos y corazón para comprender su voluntad y ponerla por obra a través de nuestras acciones.

Efesios 1:17

“y le pido a Dios, el glorioso Padre de nuestro Señor Jesucristo, que les dé sabiduría espiritual[g] y percepción, para que crezcan en el conocimiento de Dios.” 

 

Tenemos un padre que provee todas nuestras necesidades

En tiempos de necesidad uno de los pensamientos con los que más combatimos es la orfandad.

A menudo, cuando pasamos por crisis, nos sentimos solos, desamparados, nos cuesta tener esperanza del futuro e incluso, sino hacemos algo rápido, podemos caer en profunda tristeza o depresión.

Sin embargo, son muchas las palabras de aliento que encontramos en la biblia para los momentos en los que el panorama no está tan claro. Filipenses 4:19, habla que nuestro Dios nos va a proveer todo lo que necesitemos, sí, leíste bien, TODO, conforme a sus riquezas en Jesús.

Ahora bien ¿Qué significa eso?

En palabras simples, que el amor de Dios es infinito,  el Creador del cielo y las estrellas, el mismo que abrió las aguas en dos para guardar a su pueblo, el que sanó a los enfermos, abrazó a los leprosos, dio vista a los ciegos y comida a quien tenía hambre… Este es nuestro Dios y Padre, el mismo que a través de Jesús, la imagen visible de su poder, nos  dice hoy que somos amados, que nos cuidará y suplirá todas nuestras necesidades.

¡Estas son las buenas noticias del día de hoy!

Oremos y demos gracias a Dios por ellas.

 

Filipenses 4:19

Y este mismo Dios quien me cuida suplirá todo lo que necesiten, de las gloriosas riquezas que nos ha dado por medio de Cristo Jesús

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