Graduación 7ª Promoción Escuela de Misiones DEMADE

El 18 de septiembre celebramos la graduación de la Séptima Promoción de la Escuela de Misiones del DEMADE en el Centro Betania en Ciudad Real.

La graduación debió posponerse un año por la pandemia, así que teníamos un gran deseo de llegar a ese día, ¡especialmente los alumnos!

La ceremonia tuvo lugar en el Centro de Retiros BETANIA, en Ciudad Real, coincidiendo con el 5 intensivo de la Octava Promoción de la Escuela de Misiones. Asistieron tanto los alumnos de la séptima y octava promoción, junto a familiares, amigos y pastores.

Lupe Muñoz de Morales, Coordinadora de la Escuela, presidió la reunión. Esteban Muñoz de Morales, vicepresidente del Consejo Ejecutivo de ADE y nexo con el DEMADE y Guillermo Santos, coordinador del DEMADE,  dirigieron palabras de estímulo y felicitación a la 7ma Promoción.

Después de un precioso tiempo de alabanza y de agradecimiento al equipo de la Escuela, Jesús Caramés, Rector de la Facultad de Teología, predicó sobre la relevancia de la Palabra de Dios en las misiones.

Luego de unas palabras Daniel Palma, director de Formación, y Juan Moisés García, jefe de estudios, procedieron a entregar los certificados y diplomas.

Veintidós alumnos, de los 36 que realizaron la EM, pasaron uno tras otro, emocionados, para recibir sus respectivos certificados o diplomas. Luego Guillermo Santos dirigió un tiempo de oración por ellos.

Desde DEMADE, felicitamos a todos los estudiantes de la séptima promoción por haber cursado la Escuela de Misiones. Deseamos que la Escuela haya servido para afianzar el llamado y preparar a los que Dios ha escogido para salir al campo misionero. Al resto de los alumnos, deseamos que la Escuela haya servido para que Dios los use en sus iglesias respectivas y ser la voz misionera en cada congregación de FADE.

Agradecemos a los pastores que enviaron estudiantes que cursaron que están cursando la EM, gracias por su confianza y apoyo hacia la Escuela.

Para concluir, decir que estamos agradecidos al esfuerzo de todos, y sobretodo agradecidos a Dios por esta graduación, y por habernos permitido disfrutar de un día lleno de pasión por la obra misionera. Vemos una generación que se levanta para salir al campo misionero

Juntos, cumpliendo la Gran Comisión.

DEMADE


 

PALABRAS DE ESTEBAN MUÑOZ DE MORALES COMO REPRESENTANTE DEL CONSEJO EJECUTIVO

El DEMADE organizó su 7ª graduación de la Escuela de Misiones de manera presencial en las instalaciones del Centro de Retiros “Betania”, en Ciudad Real. La secretaria de la coordinadora, Lupe Muñoz de Morales, coordinó este acto que fue entrañable y a la vez solemne, al que asistió a un servidor, Esteban Muñoz de Morales, como nexo entre el DEMADE y el Consejo Ejecutivo de las Asambleas de España.

En medio de la situación que se ha vivido a nivel nacional y mundial con la pandemia del COVID, ver a muchos jóvenes y a algunos matrimonios, dedicar dos años de su vida para prepararse para las misiones y manifestar disponibilidad para que Dios los envíe a sembrar sus vidas en medio de la incertidumbre en la que vivimos, no deja de ser es un enorme motivo para glorificar al Señor. A la vez, quiero valorar el gran trabajo que el DEMADE está haciendo, no sólo en el envío y sostenimiento de misioneros, sino que también desarrolla una gran labor en la promoción de las misiones y en la preparación de los miembros de ADE y de sus respectivas iglesias para acompañar sus respectivos llamados a las misiones.

Esteban Muñoz de Morales, Vicepresidente del CE de ADE

II FORO DE REFLEXIÓN INTERDENOMINACIONAL SOBRE LA EUTANASIA

La FEREDE, buscando atender las necesidades de las iglesias y de los creyentes que surgen en nuestra sociedad, y con el trasfondo  de la Ley Orgánica 3/2021, de 24 de marzo, de regulación de la eutanasia, ha organizado el II Foro de Reflexión Interdenominacional el pasado 17 de septiembre.

Tal como expresaba Jesús Londoño en la intervención final, “el propósito de este foro es construir herramientas que nos ayuden a tomar decisiones y tratar este tema complejo de la mejor manera”.

Hubo una asistencia de unas 100 personas, líderes e interesados evangélicos de toda España distribuidas en el formato presencial y telemático Las cuatro ponencias desarrolladas trataron sobre los siguientes temas:

  • “Dios la vida y la eutanasia” (Marcos Zapata);
  • “La eutanasia desde las ciencias y la medicina” (Fernando Bandrés);
  • “Perspectiva ética-jurídica sobre la eutanasia” (Carmen D. Medina);
  • “Eutanasia: diferentes puntos de vista” (Esteban Lozano)

Por la tarde hubo un panel sobre la praxis pastoral “Qué hacer ante la eutanasia”, moderado por Jesús Londoño, y con la participaron del pastor Josep Borderá y de la doctora Rosa Aparicio, componente del consejo pastoral de la iglesia de ADE en Zaragoza.

Tal como se hizo en el primer foro, se publicará las ponencias y conclusiones de los grupos de trabajo y se pondrá a disposición de los interesados.


Esteban Muñoz de Morales

Lo que aprendí del Otoño

Hoy es el comienzo del otoño 🍂🌰

Hay quién siente nostalgia, incluso tristeza cuando llega el otoño. Piensan en que el verano terminó, como van bajando las temperaturas y los días se acortan. Comienza la rutina y las vacaciones quedan en un simple recuerdo. La lluvia llega, las hojas cambian de color y caen, dejando desnudos a los árboles anteriormente frondosos. Lo cierto es, que si está es nuestra perspectiva ante este cambio de estación, es bastante deprimente.

Hasta hace unos años, desgraciadamente, esta era también la mía, se acababan las vacaciones, mi estación hasta aquel momento favorita, la primavera, quedaba ya demasiado lejos y tocaban de nuevo un sinfín de cambios bajo la guisa de la “vuelta a la rutina o al cole” como era por aquel entonces, en mis años de estudiante y primeros años de maestra.

Sin embargo, un día, no os puedo asegurar cuál fue el detonante, de hecho, probablemente fueron una mezcolanza de ellos, comencé a ver la belleza del otoño. Sus colores, olores y sabores únicos y especiales, y las oportunidades que traía consigo. Tan sólo tienes que mirar a tu alrededor para ver cómo todo está cambiando, y ¿no representa eso nuestra vida?

En Eclesiastés 3:1 dice: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.”  En el resto del pasaje hasta el versículo 8, que os invito a leer, nos habla de que hay un tiempo para todo, y que nuestra vida está compuesta por una serie de cambios, nada es siempre igual, ni lo bueno, ni lo malo.

¿Cuántos pueden decir que no han vivido algún cambio ya sea grande o pequeño? Salir de casa, estudiar en la universidad, aprender a cocinar, cambiar de compañero de piso, comprarse un perro, casarse, tener hijos, cambiar de trabajo, mudarse, y un largo etc. Los cambios nos aportan muchas cosas nuevas, y en la mayoría de los casos, son buenas, a veces, incluso mejores.

Sin embargo, creo que podemos decir, que no siempre son fáciles, muchas veces en el proceso tenemos que aprender y crecer, dejar cosas atrás. El problema viene cuando no somos capaces de soltar el pasado y lo que teníamos, algo que muchas veces es ya ni siquiera es provechoso ni beneficioso para nosotros. En este caso, nos será imposible ver lo bueno de lo que está por llegar e incluso podemos llegar a perderlo.

Si conseguimos soltar aquello a lo que nos aferramos, lo que nos estorba y muchas veces nos hace que arrastremos nuestra vida; respiramos hondo y nos paramos a mirar a nuestro alrededor podremos ver que incluso “el otoño” es hermoso.

Fijaos en las hojas de los árboles, cuando llega el momento, y tras haber pasado por varios colores preciosos, ellas simplemente caen del árbol, a veces una pequeña brisa les ayuda y otras caen por su propio peso. Yo no sé vosotros, pero yo nunca he visto a un árbol intentar retener o recuperar sus hojas, ni a las hojas aferrarse al árbol o volverse a subir. Era su tiempo de caer, habían cumplido su misión, y ahora debían dejar espacio para la recuperación del árbol y, sobre todo, para las nuevas hojas que vendrán.

Y así como las hojas, cuando llegue el momento del cambio, debemos de ser capaces de dejar atrás las cosas que nos estorban y nos retienen en el pasado, para poder disfrutar de todo de todo lo nuevo que está por llegar. En la vida siempre pasaremos por etapas y fases, momentos de crecimiento y fruto, y momentos de soltar lo que ya no sirve de descansar para prepararnos para nuevas etapas. No te pierdas la vida por aferrarte a lo que ya pasó, llegarán cosas nuevas en el momento adecuado.


Betsabé Pulido

Ellas

En nuestros años jóvenes aprendimos que el pronombre era aquella parte de la oración –unidad básica de expresión lingüística– que sustituía al nombre, y que éste, designaba cosas, personas, entidades, etc. En consecuencia, ELLAS, pronombre (femenino y plural), en este caso, para quien escribe, designa a personas, un determinado grupo de personas: ELLAS EXISTEN, son, están ahí.

Ahora bien: ¿quiénes son ELLAS?

Desharé el acertijo: ELLAS son las esposas de nuestros pastores; la mía, por ejemplo, entre otras. Afortunadamente, ya podemos llamarlas pastoras también, juntamente con sus maridos o por sí solas, superada aquella etapa –eso espero–cuando tenían vetado el acceso a credenciales ministeriales, y si alguna de ellas osaba tomar la palabra en la plataforma de algún encuentro alguien daba la espantada y abandonaba notoria y ostentosamente la sala (en mi tierra a este tipo de reacción espontanea se la llama “espantá”, del espanto producido en la persona que la padece ante una situación para él o ella insoportable como la mencionada aquí). Digo esto “sin acritud”, como decía mi paisano Felipe.

ELLAS forman parte, por maravilloso designio divino, de media humanidad, declarada enfáticamente junto a la otra mitad, la de los varones, imagen de Dios, quien no es ni varón ni hembra ni ambas cosas a la vez, como bien sabemos, porque es Espíritu, aunque tenga atributos asignables a alguno de ellos o de ambos. Eso de que cada uno/a escoja por decisión unipersonal queda bonito para muchos, pero nada cambia, las cosas son las que son, aunque uno pueda decidir ser Napoleón, que todo el mundo es libre y tiene sus derechos, no cabe duda.

Pero he decidido hablar de ELLAS porque por mucho tiempo, aun estando siempre ahí, muchas han estado un poco a la sombra; no ocultas, pero sí en cierta manera obviadas. Por años, como es natural, en nuestra familia denominacional, las Asambleas de Dios de España, se nos han estado yendo algunas, como se van ellos y nos iremos todos; el relevo generacional es imparable para todos, e implacable. Este año, según mis conocimientos y hasta este momento, ya se nos han ido por lo menos dos: Kati y Amelia. Sentimos su partida, así se lo hemos hecho llegar a sus maridos. ELLAS ya no están; pero han estado. Durante años han formado parte del ministerio pastoral en sus iglesias, al lado de sus maridos, discretas pero activas y, sin duda, enriquecedoras; no se podrá entender el ministerio de ellos sin la parte que les ha correspondido a ELLAS. Han hecho historia; son parte de nuestra historia. Creo que es de justicia que lo reconozcamos entre nosotros, que resaltemos el papel que juegan en nuestras congregaciones, y sin esperar a que se nos vayan para hacerlo.

Es cierto que en todo el espectro pastoral y ministerial de nuestra gran familia las hay de todos los tipos: predicadoras y no predicadoras, notorias y discretas, más involucradas y menos involucradas, pero todas ELLAS han sido, son y serán piezas clave en la marcha de nuestras iglesias. ¡Gracias, Señor por nuestras esposas! Cada una con su personalidad y ministerio particular, con su labor eficiente, unas veces notoria y reconocida; otras, discreta y quizás, poco reconocida, pero siempre ahí, sin la cual la labor de sus maridos no habría sido la misma. No se trata de recurrir a la muy desgastada frase de la “gran mujer” detrás del “gran hombre”, porque ella misma –la frase– denota estar viciada de origen desde el momento que la sitúa “detrás”. ¿Y por qué no al lado, en igualdad de condiciones, o incluso delante? Esa frase aparentemente halagadora solo perpetúa una posición subordinada de las “grandes mujeres”, aunque ha servido para aplacar en cierta medida la frustración de muchas de ELLAS, y hacerles creer a ellos, que ya habían hecho su parte.

No pretendo, en ninguna manera, convertirme en adalid de la defensa del ministerio de la mujer, solo animar a cambiar o seguir cambiando nuestra manera de ver las cosas, en las iglesias y en nuestra propia institución que goza ya de más de medio siglo de recorrido, para lo que habrá que empezar por cambiar en nuestro propio interior, cambiar nuestras rutinas y protocolos. Ciertamente, mucho hemos avanzado en este campo, nuestras iglesias se ven enriquecidas con ministerios femeninos muy productivos y enriquecedores incluyendo el pastorado, nuestros departamentos participados e incluso dirigidos por hermanas bendecidas por el Señor con ministerios exitosos, etc. pero aun podemos avanzar en muchos otros aspectos sensibles que muchas veces pasamos fácilmente por alto. Gracias a Dios, ya no hay trabas; solo nos quedan inercias.

Reconozcamos a las que se nos han ido, a las que se nos van, como lo hacemos con nuestros varones. Reafirmemos su papel en general en los avances de la obra de Dios. Lo que escribo no es un reproche a nadie ni a nada, solo una voz que suena. Todos conocemos casos de esposas de pastores nuestros que sufren la enfermedad en silencio, situaciones duras difíciles de llevar, pero ahí están, como se suele decir, “al pie del cañón”, en la dura batalla de la fe, mayormente al lado de sus maridos, y algunas veces detrás, aunque espero que este estar detrás no sea por imposición de nadie sino por libre elección y convicción, una manera de estar al lado. Pero no las obviemos, prestémosles la atención debida y reconozcamos su valor e importancia mientras se cuentan entre nosotros.

Gracias te damos, Señor, por ELLAS. Ayúdanos a ser justos con ELLAS


Jose Mª Baena

Fallecimiento del Dr. David Yonggi Cho

Acabamos de conocer la partida a la Presencia del pastor Cho, con 85 años de edad, fundador de la Iglesia de Yoido en Corea, la que fue conocida como la congregación más grande del mundo.

Sin duda, el ministerio del pastor Cho ha sido una gran influencia en la vida de la iglesia, sobre todo, en el siglo XX. No obstante, su indiscutible legado inmaterial manifiesto por medio de sus mensajes, escritos, iglesia y misioneros por todo el mundo, nos sigue inspirando en el ámbito de la fe y, sobre todo, en el de la oración. A propósito de la oración, quisiera destacar una frase de su libro «La Oración: la Clave para el Avivamiento”: No hay tierra demasiado dura para el Espíritu Santo, ni iglesia demasiado muerta, ni país demasiado cerrado al evangelio. ¡La solución es orar! Desde España, enviamos nuestras condolencias a la familia del pastor Cho, su Iglesia en Corea y a la pastora Kim, quien es nuestra compañera en el ministerio de ADE y pastora en la Iglesia en Valladolid.
El pastor había estado hospitalizado desde que se sometió a una cirugía por una hemorragia cerebral en julio del año pasado. Le sobreviven su hijo mayor, Hee-jun Jo, el segundo, Min-je (director ejecutivo de Kookmin Ilbo) y el tercer hijo, Seung-je (director de One Generation); su esposa, Seong-hye Kim, presidenta de Generación Han, falleció el 11 de febrero.

Su funeral tendrá lugar el 18 de septiembre en la sede de la iglesia en Yeouido.

El pastor Cho Yong-gi, representante del movimiento Pentecostal de Corea, que fundó la Iglesia Yeouido Full Gospel y dirigió el avivamiento de la Iglesia coreana así como marcó el crecimiento de la iglesia mundial, falleció a las 7:13 horas del 14 de septiembre en el Hospital Universitario Nacional de Seúl, en Yeongeon-dong, Seúl. El pastor había estado hospitalizado desde que se sometió a una cirugía por una hemorragia cerebral en julio del año pasado. Le sobreviven su hijo mayor, Hee-jun Jo, el segundo, Min-je (director ejecutivo de Kookmin Ilbo) y el tercer hijo, Seung-je (director de One Generation); su esposa, Seong-hye Kim, presidenta de Generación Han, falleció el 11 de febrero.

En septiembre de 1956, a la edad de 20 años, empezó sus estudios en el Seminario Teológico Assembly of God Full Gospel y conoció a la pastora Jasil Choi, que se convertiría más adelante en su suegra y colaboradora. Ambos se graduaron del Seminario en 1958 y plantaron una Iglesia en una carpa el 18 de mayo de ese año. Fue el inicio de la Iglesia Yeouido Full Gospel.
El pastor Yong-gi Cho sirvió como presidente de las Asambleas de Dios Mundiales desde 1992 a 2008, en que impulsó la misión al Tercer Mundo. En ese tiempo, presidió una campaña de evangelización de gran escala en África, Asia, América del Sur y otros lugares y se desarrolló un movimiento poderoso del Espíritu Santo. Después de la caída de la Unión Soviética, se realizó una campaña en Moscú en junio de 1992 y, en la campaña celebrada en San Pablo, Brasil, se reunieron 1,5 millones de personas en 1997; lo que estableció un récord como la mayor protesta en la historia de los protestantes en ambos países. De este modo, desde 1975 hasta 2019, el pastor Cho viajó por el mundo 120 veces y llevó a cabo al menos 370 reuniones de avivamiento en inglés, japonés y francés en 71 países.Eel pastor Cho se dedicó al movimiento de evangelización nacional en Corea y dirigió la campaña de Seúl a Jeju. Durante su ministerio además fundó el periódico Kookmin en 1988 y muchas organizaciones benéficas con presencia internacional.

Acerca del Dr. David Yonggi Cho (Pastora Kim)

Doy gracias a Dios por el pastor Cho quien ha dado 120 vueltas al mundo llevando el mensaje del evangelio de Jesucristo.

En lo personal puedo decir que yo misma soy uno de los  frutos de su trabajo puesto que he conocido a Jesús por medio de una de sus predicaciones.

Si hoy estoy aquí es porque un día él sembró en mí la visión y la pasión por el Reino de Dios, y no solo en mí, sino en cada uno de los 680 misioneros que han sido enviados a 64 países por la iglesia de Yoido.

El Dr. Yonggi Cho ha sido una persona cercana con un especial cuidado por los misioneros. De entre los muchos ejemplos, enseñanzas, y arduos trabajos que durante 60 años ha desarrollado en su ministerio, quiero quedarme con la compasión mostrada por la gente. Compasión  que mantuvo hasta el último momento de su vida. Como dijo su hermano menor Andrew Cho: «él ha dejado un legado y ahora nos toca serle fiel al Señor Jesús hasta final».

Me despido de él con un “hasta pronto”.


Kim Young-ae, Pastora en Centro Cristiano «La Roca», Valladolid

 

Las aves no toman ansiolíticos

“Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?” (Mateo 6:26).

Vivo junto a mi familia en un pintoresco pueblo Andaluz. Mi casa está en las afueras y colinda con un campo de olivos donde, a cualquier hora del día, oigo de gratis la sinfonía de las aves del lugar. Se posan en el granado que tengo en el patio y desde su follaje me hipnotizan con su algarabía, revolotean en mi terraza y en mi balcón, se asoman por mis ventanas fisgoneando a los extraños seres que vivimos en este nido de piedra. Mi esposa les ha colocado un comedero y un bebedero de agua para que se sirvan al gusto y cada día tenemos comensales multicolores que se deleitan en semillas por las cuales no han trabajado y en un agua fresca que no tienen que bombear desde un profundo pozo.

No soy ornitólogo, pero puedo afirmar por simple observación que las aves que me frecuentan no tienen pinta de estar preocupadas por lo que va a ocurrir al día siguiente. No toman ansiolíticos para el estrés, ni antiácidos debido a la ansiedad. Revolotean con maestría aeronáutica, comen y beben, van de un lado al otro dando saltitos graciosos y cantan sin desafinar una nota sencillamente porque Dios les sostiene, les cuida y vela por ellas. ¿No es asombroso? El Dios dueño de todas las galaxias se preocupa por unos pajarillos cordobeses. Tal es el corazón del Señor.

Jesús usó la figura de los pájaros del campo para ilustrarle a sus discípulos una forma de vida diferente a la que vivían la mayoría de sus conciudadanos. Un estilo de vida caracterizado por la confianza en Dios. La lógica del Maestro era muy sencilla: si Dios alimenta a las aves del cielo, cómo no va a hacerlo con sus hijos. Por una cuestión de estima y prioridades Dios tienen en primer lugar a los que son suyos, así que proveerá para ellos con absoluta seguridad. La diferencia está en que distintamente de las aves, nosotros tenemos un exceso de futuro que nos priva de la serenidad de descansar en el Señor. Nos afanamos por el día siguiente que no existe aún, vivimos en constante preocupación por lo que no podemos controlar y tal conducta nos aprisiona en cárceles de desasosiego y desesperación.

En el Sermón del Monte, de donde hemos extraído este versículo, Jesús insiste en el valor que tenemos para Dios. Es justo ahí donde debe afincarse nuestra confianza. Dios nos ama, somos importantes para él: “¿No valéis vosotros mucho más…?”, dijo el Cristo. Haremos bien si aceptamos que en sus manos nuestra vida está segura, nuestras necesidades están cubiertas y nuestro futuro está asegurado. Si el cuida del gorrión, de la paloma y la codorniz lo hará mucho más con nosotros.

No escribo desde la seguridad de una engordada cuenta bancaria, o desde la confianza de un trabajo fijo y copiosamente remunerado. No creas que por vivir en Europa tengo mis gastos cubiertos, sino quizás más cuentas que pagar en esta región del mundo donde todo tiene precio. Como marido y padre de cuatro hijos enfrento desafíos en los que Dios debe intervenir, o de otra manera me perdería en el agobio del afán. Soy misionero, vivo por fe, Dios provee de muchas maneras y lo ha hecho así desde hace más de dos décadas. Con demasiada frecuencia las necesidades de una familia grande como la mía, superan mi pericia para hacer resolutos presupuestos. Hay zapatos que comprar, ropa que proveer para niños que al mes siguiente han cambiado de estatura. Debo cerciorarme de calentar mi hogar en invierno e intentar tener una temperatura soportable en verano. Debo asegurarme que en cada jornada haya comida en la mesa para los míos y a la par nunca olvidarme de la hospitalidad y de compartir con otros aquello que de Dios recibo. Los economistas no dan buenos augurios y los políticos parecen tomarse las cosas con calma echándose la culpa unos a o otros de su desaciertos administrativos.

Mientras todo eso y mucho más ocurre a mi alrededor e intenta dominarme, yo encuentro fe mirando a esas aves desenfadadas en mi terraza. Allí están serenas aunque la bolsa de valores de Londres se haya desplomado, o la de Nueva York, o la de Tokio. Dios les cuida, les alimenta, les protege desde su infinita bondad. Si lo hace con ellas, lo hará conmigo y con todos aquellos que le aman. Debo de mirar menos hacia fuera, o hacia mí mismo y mirarlo a él porque: “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” (Romanos 8:32).


Osmany Cruz

Volvamos a la rutina

Tras el tiempo estival o de vacaciones, toca volver a la rutina. Para muchos la rutina resulta algo tediosa, sin embargo, lejos de que sea fastidiosa, la rutina es vital para sacar jugo tanto a nuestro potencial como al tiempo; además es indispensable para forjar nuestro futuro.

Es importante que al hablar de rutina nos ciñamos a su significado original que está vinculado a un camino, ruta o trayectoria que resulta conocida porque se repite. Si bien, es cierto que la rutina es imprescindible y vital para el progreso, a veces, a muchos acaba afectando negativamente a su rendimiento personal y corporativo.

Es verdad que cuando algunos toman vacaciones, abandonan con gran alegría actividades rutinarias por considerarlas aburridas o carentes de motivación. Así que suplen ese tiempo con actividades que les desconectan o distraen de lo que están hartos o cansados. De hecho, con las vacaciones o escapismos muchos buscan huir de ese ritmo de vida denominado carrera de ratas, referido a la actividad desenfrenada de estar siempre ocupados, estresados o angustiados por razón de la presión que exige resultados o por la sencilla necesidad de tener que salir adelante en la vida. Desde luego, este panorama, evidencia la necesidad de muchos de poder vacacionar de algún modo para descansar de la persecución de ese tipo rutina nociva que acaba agobiando y enfermando a mucha gente.

Un aspecto positivo que aporta el descanso de ciertas rutinas de nuestra vida es para para poder oxigenar la mente y dar lugar a la meditación o evaluación de nuestro ritmo de vida o compromiso con el trabajo en cuento a motivaciones, formas, metas y resultados. Espero que este aspecto haya sido aplicado en el tiempo de vacaciones que algunos hayan podido tomar porque, de lo contrario, siempre sabrá a poco el descanso y volverán a lo rutinario y no tardarán mucho en volver a sentirse cansados de su día a día, incluso en lo referido a la fe personal, a la vida de iglesia y hasta en el servicio propio del ministerio.

Pero, dejando a un lado esas rutinas que son propias de la actividad de cada cual, hay rutinas de las que no podemos escapar y que, incluso, nunca deberían acabar siendo rutinarias. Me refiero a lo que nos resulta saludable para la salud física, emocional y espiritual, aunque, en este artículo me referiré a la rutina espiritual que jamás deberíamos abandonar y que, de haberlo hecho, es tiempo de que la incorporemos a nuestro día a día.

Cuando analizamos la Biblia, descubrimos a Dios que por medio de la Ley establece rutinas imprescindibles para que su pueblo pueda desempeñar una vida de servicio y devoción a Él en plenitud y bendición. Ciertas rutinas que Él exige que sean tenidas en cuenta en lo referido al cumplimiento del Sabbat, las fiestas solemnes, los sacrificios, el cuidado del altar, etc. El caso es que cada vez que el pueblo abandonaba esta rutina, se manifiesta en el pueblo de Dios el descuido de la fe, la justicia, la misericordia y el amor. Cada vez que el pueblo de Dios abandona la rutina establecida por el Señor, acaba desviado y traspasando los linderos de la obediencia a Dios. Por eso, son varios los ejemplos que manifiestan la reforma impuesta por reyes y profetas que dirigen al pueblo a volverse a Dios basado en el cumplimiento de ciertas rutinas sagradas.

Cuando vemos la vida de Jesús, observamos una agenda intensa, casi extenuante, pero jamás el Señor abandonó su rutina de oración. Incluso, mientras pudo, mantuvo la rutina de asistir a la sinagoga e ir al monte de los olivos (Lucas 4:16; 22:39) que, muy probablemente, sostuvo desde muy joven. Así que, no me cabe la menor duda, de que el secreto de la fortaleza de Jesús y el éxito de su ministerio se basó en que jamás abandonó la rutina de comunión con su Padre por medio de ciertos instantes con el culto, la lectura de la Palabra, la oración, la meditación y los actos de compasión expresados en su compromiso con la gente.

Quiero atreverme a plantear en este inicio de septiembre que nos volvamos a la rutina. A esa rutina en la que Dios está presente y hace que cada día sea un disfrute. Como decía Jeremías, en su rutina de cada mañana, él descubría que la misericordia de Dios es nueva (Lam. 3:22). Otro ejemplo tiene que ver con el cuidado rutinario que el sacerdote debe prestar al fuego del altar que cada mañana debe ser atendido con esmero porque nunca deberá apagarse (Lev. 6:12, 13). Qué tremendo simbolismo, cuando contemplas el fuego, nunca verás la misma llama, de igual manera, cuando oyes al viento, nunca es igual, o cuando miras el río, siempre es nuevo, o si contemplas las olas del mar, jamás percibirás ninguna ola idéntica. Jamás te cansas de ciertas rutinas porque percibes vida y, de ahí, que nuestra rutina con Dios jamás debiera aburrirnos dado que su Presencia, su Palabra, su Unción, su Amor… nunca nos resultará rancio, jamás la rutina de buscar a Dios podrá ser tediosa o aburrida. Es más, si alguna vez esto ocurre, es porque probablemente decayó nuestra relación con Dios y nos hemos quedado con la estructura, la forma, el dogma, o sea, una mera religiosidad.

Volvámonos a la rutina que nos conduzca a un avivamiento. Meditemos en la necesidad de que, en nuestra fe alimentada por el fuego pentecostal, nuestras asambleas de Dios recobren o incorporen ciertas rutinas que en absoluto estén reñidas con la frescura del Espíritu. Nuestro mover tiene la necesidad imperiosa de mantener ciertas costumbres o rutinas que no pueden ser sustituidas con nuestra improvisación o creatividad que nace de nuestra imaginación y carece de revelación.

 

Volvámonos a la rutina de buscar a Dios cada día, de todo corazón (Jr. 29:13). Disfruta la presencia del Espíritu Santo y verás crecer tu potencial, tu creatividad, recibirás fuerzas renovadas, percibirás sabiduría de lo alto y vivirás cada día en la frescura propia de una experiencia totalmente nueva en Dios.


Juan Carlos Escobar

Triunfantes sobre el tedio

“Y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad” (Colosenses 2:10).

El tedio es una enfermedad, no de esas que se pueden curar con fármacos, sino de las peligrosas que carcomen el alma. Hablo con propiedad ya que yo alguna vez la he padecido, y aunque tiene cura, no se sale fácil de una condición como esa. Hay que primero saber lo que se padece, para luego ser radical y extirpar a sangre fría el mal emocional que aqueja. No se debe escatimar esfuerzos en librarse de este huésped indeseable, este okupa transgresor que violenta voluntades valiéndose de una coalición emocional engañosa y perturbadora.

Don Manuel Bueno, un gentil párroco creado por Unamuno en su libro San Manuel Bueno, Mártir, le dice en un momento de vulnerabilidad a Lázaro, su reciente amigo, progresista e incrédulo: “He mirado la negrura de la cima del tedio de vivir, mil veces peor que el hambre”. El religioso también le diría que ya no cree en Dios, que lucha constantemente con un seductor pensamiento suicida, que no espera que haya una resurrección y que si no niega todo públicamente es por no robar a otros el descanso que les da la religión.

El cura confesándose con el hombre de mundo, un juego literario de Unamuno, una especie de fe a la inversa que quizá retrata la pérdida de la confianza en Dios, de la esperanza y de la alegría de vivir. Para todos los habitantes de Valverde de Lucerna su párroco era un santo, de una vigorosa fe que le conducía al servicio más abnegado, pero ignoraban el hastío que le perseguía, la atroz fuerza que le tiraba hacia la horrenda oscuridad de creerse desamparado.

Pensar que vivir es un accidente solo remediable con la muerte es existir respirando despropósito. Es sabotearse la vida en una conspiración homicida contra sí mismo. ¿Puede perder la fe un hombre de fe? ¿Puede el hastío convertirse en una deidad opresora que nos arrebate la ilusión, la esperanza, y la felicidad?

En uno de mis pastorados sustituí a un brillante ministro del evangelio cuyo magisterio y virtud estaban en boca de todos. Siempre oí de él comentarios elogiosos, su congregación le amaba, y era alguien que con solo aparecer en algún sitio despertaba admiración. Tiempo después de relevarle en el pastoreado y siendo en aquel entonces yo muy joven, abocado por tantos desafíos y lleno de preguntas, me reuní con este pastor para escuchar algún consejo beneficioso. La conversación terminó siendo una charla fraterna, donde me relató sus frustraciones, y hasta de cómo acarició la idea de quitarse la vida mientras pastoreaba la iglesia, asunto que sólo por la gracia de Dios pudo solucionar.

El tedio no tiene predilectos, va a por todos. Elías quiso morirse porque le amenazaban y le perseguían, Jonás estaba fastidiado de que Dios fuera tan bueno, Job deseó no haber nacido porque el dolor le nublaba el juicio. Lo mismo ha pasado con otros grandes hombres de la estatura espiritual de George Mattesson, o Hudson Taylor. Ahí está el hastío, agazapado, esperando el momento justo para abalanzarse sobre su presa. La muerte de un amigo, la traición, la pobreza, la tragedia en alguna de sus múltiples formas… la vida no es fácil. Jesús dijo: “En el mundo tendréis aflicción” (Juan 16:33). Los percances de la cotidianidad pueden ser dardos que agujereen nuestra espiritualidad hasta no querer ni ser cristianos, créame, no hay intocables. La apostasía de la virtud y la verdad suelen comenzar con una inocente semilla de tedio, cuando te aburres de lo que tienes, pensando que puede haber algo mejor.

“Con que Dios os ha dicho”… así siseó la serpiente a Eva su engaño. Antes de de morder la fruta, Adán y Eva sucumbieron al hastío de ser hombres, se cansaron por un momento de su condición y pensaron que podían alcanzar algo más. Su deseo los condujo a menos, el pecado les traspasó, les empujó a la mortalidad y la enemistad con Dios. Tal espiral degradante produce este sentimiento que se convierte rápidamente en una actitud y hasta en una pandemia capaz de transmitirse con celeridad y contaminar a muchos.

Pero ¿cómo combatir a tan deplorable enemigo? No hay más antídoto que la obstinación sacra de vivir por fe, sin desviaciones emocionales, sin reparar demasiado en las cosas de esta vida, mirando hacia Aquél que, aunque fue varón de dolores, experimentado en quebrantos (Isaías 53:3), el escritor de los hebreos dice de Él que “por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra de Dios” (Hebreos 12:2). Es poner el gozo delante porque Jesucristo así lo hizo y fue exaltado a los cielos.

Si la frustración asesta un golpe traidor, no hagamos demasiado caso. Si el demoledor hastío nos convida a recibirle, con firmeza digamos ¡no! Si el Tentador te dice que hay mucho más, dile que ya lo tienes todo.


Osmany Cruz

«Doctor, Doctor»

-Doctor, doctor, tengo una hemorragia interna.

-¡No me diga! ¿Cómo se ha dado cuenta usted?

– Me sangra el alma…

-Disculpe, creo que ha venido usted al lugar equivocado. Pida cita con su psiquiatra, él podrá ayudarle.

En el psiquiatra…

-Doctor, doctor, tengo una hemorragia interna.

– ¡Vaya! ¿Seguro que ha venido al lugar más indicado?

-Mi médico de cabecera me lo recomendó.

-¿Y qué síntomas tiene exactamente?

-Me sangra el alma cada día, desde que me levanto hasta que me acuesto, estoy muy débil, temo por mi vida.

-Mire, le voy a recetar unas pastillas que le van a venir muy bien.

-¿Me curarán?

– La harán sentir mucho mejor, y si quiere podría pedir cita privada a un psicoanalista.

-No tengo dinero… y yo lo que quiero es curarme.

-No puedo ofrecerle más, lo siento.

Desesperada, la mujer vaga varios días por las calles de la ciudad. Un día se para frente a un edificio algo viejo, culminado por una cruz forjada.

-Un hospital mental, tal vez debieran ingresarme-pensó- y decidió entrar.

Al fondo, de espaldas sentado, se encontraba un hombre con una bata blanca.

– Doctor…

-¿Sí?

El hombre era de mediana edad, tenía barba y lucía un peinado algo desaliñado.

– Me sangra el alma.

-Lo sé, la estaba esperando, doña Paquita. Acérquese y cuénteme lo que le pasa. ¿Cuándo comenzó la hemorragia?

-Hace unos doce años, después de la muerte de mi esposo. Busqué refugio y consuelo en el alcohol y en compañeros eventuales. Mis hijos me abandonaron y yo empecé a maldecirlos, a ellos y a mis nietos. Cada vez que pasaba más el tiempo, la hemorragia empeoraba. ¡Me arrepiento tanto de todo ello! ¡Soy un monstruo! ¡Merezco esto y mucho más! Pero ya no aguanto.

– Estoy de acuerdo, yo puedo curarle.

– ¿En serio? Y dígame, ¿cuánto tendré que pagarle?

-Nada, es gratis, yo pagué el precio. “Porque por gracia sois salvos; por medio de la fe” (Ef. 2:8)

-¿Y por qué usted haría algo así por mí? Si no me conoce de nada.

-Claro que sí. “Porque tú formaste mis entrañas; me hiciste en el seno de mi madre.” (Sal. 139:13 )

Y te amo como un Padre ama a su hija. “Con amor eterno te he amado, por tanto, prolongué sobre ti mi misericordia.”(Jer. 31:3)

Doña Paquita rompe en un profundo sollozo y cae arrodillada al suelo. Después de unos segundos pregunta clamando:

-¿Pero quién es usted?

– Me llamo Jesús, su salvador.

 


Belén Lechuga

DONACIONES